jueves 14 de mayo de 2009
58
muy despacito y de puntillas,
remangándose la ropa
sin decir nada quiso escapar.
Dejando a su iglesia sola,
tirando la cruz al suelo,
se vino a nuestro corrillo
y allí de pronto se puso a hablar:
“Me he bajado hoy de mi paso
para escuchar alguna saeta,
para gozar de tus sabores
y oler el polvo de entre las grietas.
Allí no hablaba con nadie,
nada más que con el aire,
hace tiempo que lo quería
y ya más no he podido aguantarme.
Cuando piso por esta acera
hasta me creo que puedo ver,
aunque sé que soy de madera
y es imposible, no puede ser.
Qué alegría si fuera niño,
y tuviera sangre en las venas,
y ensuciarme aquí las rodillas
y despeinarme en ti mi melena.
Qué alegría si fuera niño…”
El muchacho nos repetía,
“Pa poder jugar en la plaza,
y en sus portales me perdería”.
Ya vale por Dios, chiquillo,
qué estás diciendo… cállate ya
¡Si eres tan cacereño
y tan humano como el que más!
Y cuando sale tu paso,
y te meces con la brisa,
al niño pintas sonrisas
y a los mayores haces llorar.
Que aunque estés cansao de luchas
cada vez eres más importante
y tú, paisano, tienes el arte
de encoger a la gente los corazones a tu manera,
aunque tu cuerpo y tus entrañas,
amigo mío, sean de madera.
miércoles 29 de abril de 2009
sábado 25 de abril de 2009
lunes 20 de abril de 2009
55
- ¿Y los que la critican, señor? ¿Esos son locos o son cuerdos?
- Los que la critican, mi querido rapaz, suelen ser los inútiles sin remedio.
- Largo camino nos queda pues, mi señor.
- Y venturoso, vive Dios.
viernes 10 de abril de 2009
miércoles 1 de abril de 2009
53
"El interés turístico local es el más lejano de todos los que nos quedan por conquistar"
http://caceresenochodias.blogspot.com/2008/06/6.html
1 de abril de 2009:
Foto-denuncia. Semana Santa de Cáceres, ¿de Interés Turístico Internacional?
Fotodenuncia de cofradesdigitales.com
Sonrojante.
domingo 22 de marzo de 2009
52
De inmediato me asaltan a la memoria multitud de elementos que influyen de alguna manera en ese concepto tan subjetivo que es la estética en la Semana Santa. Si queremos estética por ejemplo podemos empezar por implantar el verduguillo como prenda obligatoria. Si queremos estética ya va siendo hora de prohibir sin medias tintas a los cofrades salir en procesión mascando chicle o con gafas de sol. Si queremos estética tendríamos que dedicar por ejemplo unos pocos minutos a revisar bien el calzado antes de salir, y unos muchos minutos a hacer ensayos. Si queremos estética, preocupémonos primero de que las túnicas no enseñen el bajo de los pantalones, o que sean todas del mismo color y no un muestrario de tonalidades. No podemos proclamar la estética si luego le plantamos un foco en toda la cara a la imagen, como sometida a un interrogatorio. ¡No podemos proclamar la estética si estamos permitiendo que los cofrades salgan a mear por la calle Pizarro y vuelvan por Santa Clara como si nada! Si queremos estética, pongamos más esmero en mimar los enseres y las andas, que también son patrimonio de la cofradía y algunos tienen más rayones que un R5. Si queremos estética en el desfile deberíamos vigilar muy seriamente el comportamiento de algunos miembros de bandas de música, y plantear por qué no se les exige el mismo orden que a los cofrades si están participando en la misma estación de penitencia. Si queremos estética ya estamos tardando en hablar con el ayuntamiento para que adecente las calles por las que transitan los desfiles. No sigo.
Resumiendo, si lo que nos preocupa en la Semana Santa es la estética, creo que muchas cosas habría que solucionar antes de señalar con el dedo al capital humano. Y llegados a este punto, cuando nos pongamos a alterar el orden de las cosas en aras de la estética, antes que a una mujer quítenme por favor al que viene a la carga con los aires subidos, al que racanea el esfuerzo y no mete el hombro cuando hay que levantar, al sabelotodo que se pasa el desfile corrigiendo, al hablador que me cuenta su vida, al quejica, o al enterao de todos los años. A esos sí que deberían mandarlos todos juntos al segundo turno, por no decir otro sitio con rima asonante.
Y doy por ahora dos argumentos. Primero, tenemos desde hace tiempo muchos pasos en Cáceres donde afortunadamente cargan hombres y mujeres juntos pero no revueltos y, oh sorpresa, el mundo ha seguido girando. No pasa nada. Y segundo, si Jesús bajara del paso y se metiera bajo el varal, aparte de ejemplarizar nuestro oficio (ser hermano de carga es mucho más que el título que dan al dolor de una llaga o a los sudores de una cuesta), pienso yo que lo último que haría sería mirar el sexo o de la condición del que trabaja junto a él. Eso solo se nos ocurre hacerlo a los cristianos, demostrando nuevamente lo bien que se nos da ser más papistas que el papa.
viernes 13 de marzo de 2009
miércoles 4 de marzo de 2009
50
Todo vino de repente. La noche nos arrinconaba amenazante, robándole una hora al espacio que la tradición le tiene asignado, y ciñéndose sobre nosotros como cruel espada de Damocles. Nadie lo expresaba de viva voz, pero quien más o quien menos andaba con la mosca detrás de la oreja. Aquél no era su lugar. Fueron la Soledad con su serena presencia y la Zapatona con su solemne sandalia las únicas que pudieron vencer en este duelo contra la sombra. La Esperanza hizo amago de intentarlo, pero muy pronto se arrepintió, media vuelta a trompicones. Ellas deben pisar la calle con la claridad del día, así lo narran los libros. El Señor de las Batallas, que de siempre ha tenido un corazón más rebelde que el de los demás, no cedió al capricho de los científicos que le echaron la noche encima. El Perdón quiso imitar su ejemplo al siguiente día, y también le dijo tururú al mes de marzo. Definitivamente, aquél no era su lugar.
Han pasado ya doce meses desde aquella semana tan extraña. ¡Niña ponte guapa, que llega de nuevo tu cumpleaños! Vete secando los sinsabores, despídete del martirio y olvida ya el secuestro infame del año pasado. ¡Corre y dale un abrazo a tu abril!
En este abrazo se resumen la espera y la frustración contenidas durante tanto tiempo. Regresa la Semana Santa para fundirse en las manos de su legítimo dueño, tras un fugaz paréntesis en el que marzo se hiciera el encontradizo y nos la tomara prestada sin permiso, remojándola con ensañamiento, vistiéndola con otras ropas y tiñéndola con otros colores. Esta sí vuelve a ser la rutina de cada cuatro estaciones, la nuestra, la verdadera, no el tocomocho, no la caricatura, no el sucedáneo burdo de la última vez.
No sabemos cómo la recordarán las crónicas, ni qué huella dejará en la historia, pero sí tenemos la certeza de que, para lo bueno y para lo malo, saldrá de adentro de los hombres. Y de adentro nacen también los remedios para los males que ellos mismos sembraron, abonaron y recogieron. Por fin, tras largos años de deambular apuñalando nuestra condición de hermanos, la Semana Santa parece que retorna, o mejor dicho, la reconducen, a ese remanso de cordialidad del que nunca debió salir. O por lo menos a las lindes del remanso, que ya es bastante si echamos la vista atrás y recordamos todo el barro que tuvimos que tragar últimamente -unos más que otros, bien es cierto. Quiera Dios que no se rompa el equilibrio y que este cuadro tan dulce no lo pintaran con el pincel de la farsa ni con la brocha gorda del espejismo. Que las malas lenguas se las contemos a nuestros nietos tan solo como noticia histórica. Ése debiera ser el acontecimiento más recordado de este ejercicio, con una consideración muy por encima del resto. Cualquier otra cosa, aun sin sorprendernos lo más mínimo, no significaría más que una nueva muestra de ombliguismo atiborrado por parte de quien o de quienes correspondan. Y es que estas pamplinas, vamos a decirlo claramente, nada más que le interesan a los veinte locos que estamos ahí pringando meses y meses. Al cofrade común todo esto le suena a chino. Pasa. No quiere polémicas ni historias raras, que además de no interesarle ni siquiera las entiende. Él lo único que quiere es coger su túnica, hacer su procesión, pum pum pum y pa casa. Ahí está el tío. Y luego vamos llorando de que si falta participación en los cultos, más presencia en las asambleas, más colaboración en el día a día de la hermandad… pero es que, viendo lo que se cuece internamente, yo a veces ya me cuestiono si no deberíamos tomar ejemplo de ese cofrade de a pie, y dejar definitivamente de aburrirnos a nosotros mismos.
El caso es que nuestra fiesta, enemiga de la sátira y tradicionalmente muy sensible a lo mordaz, tendrá que lidiar en 2009 con una densa sucesión de estrenos y efemérides. Estas novedades, además de disparar desde muy temprano el mercurio del termómetro capillita, van a permitir a las autoridades renovar un poquito su repertorio de saludas, prólogos y discursos varios, que ya estaban empezando a coger moho.
Alcaldes y alcaldesas, concejales y personalidades diversas, afortunados gobernantes de una población afónica y apocada en la mansedumbre, nos llena de orgullo y satisfacción poder contar con su apoyo, aunque sea cada doce meses y gracias. Los cofrades, de manera entrañable, solemos acordamos de ustedes por estas fechas, cuando el pico, la pala y la hormigonera acuden puntuales a su cita con la Ciudad Antigua. Seguimos rezándole a nuestros santos para que alguna vez pongan ustedes los medios, y no las zancadillas, para alcanzar todos los logros que pregonan. Seguimos rezándole a nuestros santos para que alguna vez traduzcan en hechos todas esas palabras que repiten con tanto entusiasmo (bla bla bla turístico… bla bla bla cultural… bla bla bla 2016…) porque, de lo contrario, lo que nos vamos a comer será un gran mojón de interés internacional, para admiración de todo el continente y también por supuesto del vecindario. Preste atención, mi querido visitante, si tiene usted idea de venir a Cáceres en Semana Santa, pues a continuación le vamos a explicar las maravillas y el interés turístico que podrá disfrutar en nuestra ciudad:
El tercer conjunto monumental de Europa, no pierda detalle, inmaculadamente levantado en obras con la llegada de cada primavera. Una hostelería bandolera, para degustar los productos de nuestra tierra a precios patrimonio de la humanidad. Balcones, plazas y callejas engalanadas con óxido dieciochesco, tres manos de pintura vieja y un sutil alfombrado de cáscaras y frutos secos. Las novedades de la moda en la pasarela cofrade para esta temporada: minitúnicas de antiquísima generación con caída hacia el suelo, vaquero asomadizo y bajomanga de Ralph Lauren; chicle de menta contra la sed y gafas de sol a juego completan el conjunto. Admire la rectilínea majestad de esta concurrida legión de capirotes, clónicos, erguidos, dejando patente ese gusto por los detalles que siempre nos ha caracterizado. Centuriones romanos con reloj de pulsera acorazado, o Casio digital sumergible. Silencio sepulcral en las procesiones (y en la ventanilla de las subvenciones). Hermanos de carga que hacen valer su jerarquía frente al jefe de paso, confundiendo mando y obediencia. Allí, soterrados bajo los varales, rechinan las blasfemias y los tacos procaces, tantos que si algunos párrocos los oyeran, encontrarían al fin motivos de sobra para seguir puteándonos como nos putean. Hombres hechos y derechos de trece años paseando con alegría a nuestros ídolos sobre sus vértebras de cristal. Espectacular iluminación artística con 125V de corriente alterna. El respetuosísimo público que manda callar con discreción a las bandas de música. Una no-votada clase política cebollera, que lo mismo un año reniega de la Semana Santa que al siguiente está en la comisión para tramitar el Interés Turístico Internacional. Figúrese usted, y no va con segundas lo de figurar, lo que aportarán en esa comisión los mismos nombres y apellidos que “por principios” se niegan a presidir un desfile en calidad de alcaldía. Por principios. Tenga esto bien presente, amigo visitante, cuando de boca de esos mismos escuche por ahí los cacareos de la capitalidad cultural y del interés turístico. Ni con zancos les llega para estar a la altura del evento. ¿Qué más tenemos? Una Semana Santa impermeable (nunca se moja), guerrillas subterráneas entre clanes y hermandades, celos y rencores por los siglos de los siglos, cofradías que por encima de la palabra de Dios proclaman la palabra de los juzgados... amigo turista, acérquese a nuestro templo sin vendas ni pudor, no se olvide ni un momento de prestar gran atención, y dígame cuando se marche, con la mano en el corazón, si no ha visto usted aquí lo mismo que he visto yo. Todo esto y mucho más lo vivirá en primera persona, distinguido huésped, si acude usted en vacaciones a esta noble tierra de los llanos. Bueno, o a lo mejor son cosas mías… que soy muy malpensado.
Con todo, la ocasión igualmente lo merece, así que no se quede en casa, no permita que se lo cuenten porque jamás sentirá el latido del bombo, no lo vea por la tele que es mentirosa y esconde lo que no le conviene, olvídese de Internet que los perfumes no caben por el cable, no lo lea en los periódicos porque… buf, los periódicos, mejor me callo. No busque intermediarios, abandone los tapujos y visite el museo donde la muerte es una obra de arte. Bienvenidos sean todos a Cáceres, herencia de los hombres. ¡Bienvenidos al templo de abril!
Bienvenidos a un imperio más allá de la Tierra, un imperio tejido con hilo pobre pero digno, que rebosa de solera, de cultura y de identidad propias. Bienvenida la calidez de sus gentes, orgullosa de ser de donde es, y bienvenida la gloria de haber crecido sin más ayuda que su fe y sus sudores. Un gran imperio con su túnica por bandera, con su himno de saeta, su laurel de madreselva, un escudo en cada torre, una historia incompleta, con sus guerras entre hermanos, las horquillas por espadas, sin más regente que su pueblo, parlamento de cofrades y de leyes heredadas.
Bienvenida sea la caída de la tarde, y adiós a la tarde caída, a la noche pronta, al amanecer antes de hora. Cada una en el lugar que le corresponde, justo, preciso, ni antes ni después. Así lo dicta abril. Bienvenidas las salidas con el cielo pálido, los tintes y colores como mandan los cánones. Bienvenidos muros modestos, anchos redobles, vastos silencios, quejumbres siniestras y estandartes en su majestuosa guardia. Bienvenida cigüeña temprana en tu nido de alta rama, pertinaz centinela estatuario, corona sigilosa para esta maraña de aljibes, callejuelas y campanarios.
Bienvenido tú, que para ser cofrade te sobran el traje, el orgullo y los delirios de grandeza. Bienvenido tú, espectador inadvertido, forastero que palideces ante la verticalidad colosal de las torres moras. Tus diez mil ojos acarician mi piel. Bienvenido tú, abuelo que te desangras con cada recuerdo que recompones. Bienvenido cargador, sólo tú sientes el vértigo de encarar esa cuesta cuando pasas junto al postigo de Santa Ana. Sólo tú sufres la penumbra de ahí debajo, donde el aire se vuelve irrespirable. Sólo tú conoces lo que duele esa Plazuela del Socorro. Sólo tú sabes lo que es dejarse la salud en cada bache, en cada alcantarilla, en cada calle desnivelada. Bienvenido amigo, amiga, internetero fanático, compañero ocasional, colega de fatigas, noctívago, mentor o ayudante fiel. Sin vosotros nada de esto tendría sentido.
Bienvenidos hermanos de la Sentencia y del Dulce Nombre, aquí culmina vuestro sueño. Este cofrade os envidia. Probablemente algún retorcido se atreverá a contemplaros de brazos cruzados y mirando al suelo. Sentid lástima por él y confiad en que, por turbias que bajen las aguas, jamás se pierda el respeto. Arrimad el hombro para que Cáceres no cambie de nuevo la miel por el veneno. Y procurad que las portadas y las noticias sean para el que va arriba, y no para el que va debajo, que de sinsentidos en esta selva ya estamos curados de espanto.
Bienvenido el clavel, la espina, el cardo y el abrojo, hiedras y tríbulos por igual. Bienvenidas las púas, trancos y astillas, los sonidos y aromas que solo nosotros sabemos apreciar. Bienvenido el Cáceres del viejo tiempo, Cáceres de los fueros, de los Ulloa y de Espaderos, de Becerra y Casa Quemada, de Moctezuma y Carvajal. Cáceres de Ovando y de Pereros, Cáceres de Rivera, de Godoy y de los Condes de Adaneros. Cáceres que enciende un relumbro como salutación de sus muertos. Cáceres de los linajes que viven en las paredes. Cáceres de los púlpitos, de las troneras, los matacanes y las almenas. Del pretil de las murallas. De la crestería de los Golfines. De las gárgolas en las Veletas. Bienvenidos patios y palacios, antorchas, lunas y escalones, palmeras, pedruscos y torreones. Un cristo que se desliza entre las casas de los comendadores. El incienso en ese lujo que se llama Plaza de San Jorge. Tracatrán, clán, vaivén de lao a lao, no subirse al bordillo, ¡yo aquí voy colgao! Bienvenidos la horquilla y el varal, ya sabéis que en esta casa podéis entrar sin llamar. Seguiréis siendo por siempre los brazos de nuestra cruz de guía. Bienvenida la ilusión que me traes, el quebranto y la tensión de incertidumbre. ¿Bienvenidos los palios? Me basta con el azul de tus días.
Bienvenida feroz máquina del tiempo, bienvenido rocoso túnel que nos conduce del árabe al romano, del almohade al visigótico, de la judería al plateresco, del veintiuno a cualquier otro siglo de nuestra era. Bienvenido escenario milenario que muchos ya para sí quisieran, pocos como tú presumen de haber visto más navidades que cualquier imagen que los recorriera. Bienvenidos Pintores, Hornos, Santo Domingo, Corredera de San Juan, Arco de la Estrella, Cuesta del Marqués, Plaza de la Soledad, Caleros, Adarves, Puerta de Mérida... ni carrera oficial ni ná.
Bienvenida Afrodita de occidente, jardín del arte, altar único de los que aman sus raíces. Bienvenida feria de los sentidos, carnavales de la fe, esencia del medievo, música de todo el mundo, capital de la Pasión, del vino y de las rosas. La que no distingue edades, géneros ni condición. A ver quién te discute aquí tu trono. Agradezco en el alma, te lo juro, el dolor de quien te pariera, si acaso fuera de este mundo. Te doy las gracias por este profundo enjambre de sensaciones que lo mismo me elevan que me hastían, desde aquel lejano día en que me cogiste de la mano y yo te dije que sí. Gracias por dibujarme tus memorias en esta cinta de Moebius de doce meses de diámetro; hay que joderse, lo bonito que lo pintas… ¡nunca he sabido si nos haces o te hacemos! Gracias por permitirme dar un sentido honesto a un concepto tan traicionero y manipulado como el de religión. Gracias un año más por haber venido a visitarme antes que San Pedro. Y gracias en nombre de todos los que reducen su universo a un palo, una vela y cuatro maderos.
Aquí estás otra vez, eterna, exacta, infinita. Y sigues viva; la prueba está en tu gente, que no se arruga, que sigue viendo, callando y trabajando. Todos ellos se merecen con justicia la más cordial de las bienvenidas, pues están a punto de concluir un viaje que siempre, siempre, se hace largo, y cuya distancia no la miden las hojas del almanaque sino la hondura de los recuerdos. Bienvenidos compañeros a la primavera, bienvenidos a abril, bienvenidos a la Semana Santa de Cáceres. Palabras Mayores.
Texto publicado el 25-02-2009 en http://cofradesdigitales.com/ssta09/opinion-jmar.html
miércoles 25 de febrero de 2009
lunes 16 de febrero de 2009
48
un gran pesebre de oro.
Y entonces yo me pregunto
¿Para qué tanto lujo junto,
si el dorado de estas piedras
ya es tu mayor tesoro?
¿Quién se atreve a disfrazarte
con atuendos de terciopelo?
¿No recuerdan que en tu tiempo
sin ropa pisabas el suelo?
¿Quién te va a poner
alfombras de frío asfalto,
si prefiere tu pie desnudo
pisar los rollos y los cantos?
¿Quién se atreve a hacer un show
de tu dolor y de tu espanto?
¿Para qué tanto bailar
si no hay mecía más garbosa,
ni danza más señera,
que nuestros hombros a compás?
¿Para qué tanta propaganda
si mejor te llevan en volandas
nuestras señas de identidad?
El respeto al compañero,
la pobreza de unas andas
y el fervor de un pueblo entero.
¿Acaso necesitas pagarle
a una orquesta de campanillas,
si no hay música más sublime
que el redoble de las horquillas?
¿Pa qué quieres capataces
de traje y porte torero,
si un jefe bien plantao
se come cualquier albero?
Ni le quiten ni le cambien
el idioma a mi primavera,
que yo quiero que me mande
uno que hable a mi manera.
Que no te levanten el paso
al sonaire del flamenco,
que aquí te llevamos al cielo
con nuestra propia voz de atentos.
Que me olvido de la Giralda
si veo a la torre Bujaco
erguida sobre tu espalda.
Que me río yo de la Campana
si veo que te abres paso
por el adarve en la mañana.
¿Por qué te pasean tres horas,
y encima metiendo prisa,
que por lo visto más tiempo les cansa?
Si luego van dando la brasa
todo el año descontando los días
que faltan pa Semana Santa.
¿Para qué todas esas luces
y marañas de baterías y cables?
¡Que sea tu rostro quien hable,
si solo con lágrimas ya reluce!
Presumes de interés internacional
¿Pero quién va a venir a verte,
si este mismo cuadro imponente
lo cuelgan en otra ciudad?
Proclamo esto a mi albedrío:
Respeto y admiro a tus cofrades,
y todavía más al costalero.
Que no pierdan nunca brío,
consérvales el esmero,
y también sus ganas de trabajo.
Mas recuérdales, cristo mío,
que la identidad se lleva dentro,
que no hay palacio sin cimiento,
y que hasta el más alto monumento
se empezó a levantar desde abajo.
martes 3 de febrero de 2009
47
martes 27 de enero de 2009
viernes 16 de enero de 2009
45
A.Yupanqui
miércoles 7 de enero de 2009
44
Jueves y Viernes, Santos y demonios, constantes mareas de ritos opuestos. Allá se asoman como dos siameses unidos por la madrugada, una hembra profunda que no se sabe a quién pertenece. Una dama bondadosa y apetecible, dos novios la cortejan. Dos polos dispares separados por segundos. Acaso una cena y un café entre uno y otro. 363 días entre otro y uno. Vaya dos elementos.
Jueves vivo y Viernes muerto. Jueves, colorido preciosista de los apóstoles remojándose en un baño de sol. Viernes de luto y tizón en la caída de la noche. Viernes con el horario desencajado, Viernes catastrofista, Viernes sin trabajar. Jueves pausado, bello, embelesado y embelesante, pavoneándose por San Juan. Jueves de vinos y caballos. Viernes de cuestas y bacalao. Jueves que consientes a los torreones devorar los cuatro soles, Viernes que vienes en su rescate y los devuelves para iluminar el llanto de Cristo caminante. Jueves que en tu noche los valientes no se atreven a acariciar la cama. Viernes, que en la tuya caen sobre el lecho a peso muerto.
Jueves antes y Viernes después, los dos alumbran estados de ánimo contrarios en el sufrido cofrade. La euforia del Jueves por la mañana. La pesadumbre del Viernes cuando llega la media noche, se acerca el tibio sábado y vemos como la piñata nos ha explotado entre las manos. No la veremos de nuevo henchida hasta que pasen otras cuatro estaciones. ¿Y tras el Jueves? Casi todo. ¿Y tras el Viernes? Casi nada. El viernes no solo muere un hombre. Muere la Semana Santa. No resucita a los tres días, sino a los doce meses. ¿Por qué llueve más el Viernes que el Jueves? Quizá para apagar la sed del cofrade que agoniza y de algún modo viene a morir también en este día.
El Jueves, se disfruta. El Viernes, se sufre. El Jueves nos envenena con su particular dentellada de adolescente libertaria. El Viernes endurecemos el rostro y arrastramos palos y piedras, cruces y cadenas. Jueves y Viernes, antípodas del costumbrismo en la queda villa de provincias. Vuestras son las huellas bien marcadas, huellas profundas cinceladas con bota de plomo. Gracias a vosotros conocemos las nubes y los infiernos en un viaje de apenas unas horas. ¿No tuvisteis bastante con darnos la muerte perenne, y la vida de vez en cuando? El dia y la noche, la cara y la cruz, el todo y el más. Presas gemelas del tiempo que condensan una vida e impregnan el sello de la ciudad. Jueves y Viernes de interés mundial, cósmico, ¡universal! ¿Quién dice una semana? ¡Ja! Dadme el Jueves, que sin él no vivo, y dadme el Viernes, que sin él no muero. Dadme ambos, y quedaos con todo lo demás.
miércoles 31 de diciembre de 2008
43
y la verdad, no tuvo gracia
lo que ha dicho el nota este
en la letrilla de antes.
Ya te vale, pico de oro,
tanta rima y tanta labia
pa meterte con nosotros,
ni que estuviéramos en babia.
Po chaval, pa que te enteres:
llevo dos años cargando,
curao de espanto,
se dice pronto.
Empecé al cumplir los quince,
y mis amigos me dicen
que si no me duele el hombro.
Ahora tengo diecisiete,
ni me acuerdo de las veces
que me habrán hecho una foto.
He aprendido a escaquearme
del primer turno al segundo
cuando falta calderilla.
Y aunque estoy hecho un alambre
ya no cargo dando tumbos
ni se me caen las horquillas.
A estas alturas de la vida
ya he salido en la Caída,
y en la burrina,
y en otras cuantas,
y a mí que nadie me diga
cómo se carga en
Semana Santa.
Que yo ya he visto de tó…
El mundo de los varales
pa mí no encierra secretos
desde que perdí los pañales.
Me sé casi tres canciones
y hasta digo algunas veces
¡vamos arriba, señores!
Y aunque me tomen por loco
sé que dentro de muy poco
ya me nombran pregonero.
¡Pronto voy a conseguirlo!
Si llevo dos años ná menos,
me quedan solo treintayocho
pa largarme al Nazareno.
domingo 21 de diciembre de 2008
42
en el disfraz de enterrador
que lo nuestro sigue vivo
pero corre de mal en peor,
que se va perdiendo la poesía,
y que ya no saben si estamos
en Cáceres o en Andalucía.
Escúchame chaval,
hoy que empezando estás,
en este mundo
de los varales.
Si olvidas lo de aquí,
quizás me oigas decir:
¡pobre diablo,
qué poco vales!
Tú que estás comenzando a hablar en mi idioma,
oye lo que cuento,
que esto es poca broma:
Que con tus quince años nuestro futuro cae sobre ti,
que no se equivoquen,
que éste no es el fin.
Que nunca dejarán que esto se nos muera
las generaciones
que no desesperan.
Que hay que sentir el paso
en cada horquillazo del corazón,
y seguir los trazos
del eco del bombo
como un diapasón.
No te dejes confundir
por los tristes de repertorio,
que este compás por las nubes
ni lo verás en el conservatorio
ni en los vídeos de Youtube.
Aprenderás a colocarte
y a resbalar en las cuestas
y a blasfemar en los baches
y a arañarte en los adarves.
Y cuando menos te des cuenta
ya sabrás lo que es el arte.
Que ya quisieran muchos
disfrutar estos olores,
caminar por estas piedras
y regarlas de sudores.
Que no eres más adulto
por cargar con los mayores,
que no es el paso más grande
quien te va a dar los honores.
Con humildad y respeto
te verán más importante,
y sin ellos en esta zambra
serás pa siempre un don nadie.
No quieras engañarte,
diciendo que triunfaste
cargando aquí y allá.
Que de un año pa otro
las caras no se olvidan
Que si te pasas de listo,
aquí muchos te vigilan.
No te cuelgues más medallas,
que en esta fiesta de ojeras,
querer servir a tu pueblo
es la medalla primera.
Y llévales lo que esperan
con tu carne de gallina
y tu herida por bandera.
Que ellos no tienen tu suerte
de ir a hombro caliente
contando las horas en la madera.
A ti muchacho, si me estás leyendo
con tus quince años, y tu atrevimiento,
defiende lo tuyo con rabia y orgullo
y nunca olvides, maldita sea,
que aquí naciste, que da igual lo que veas,
que aquí están tus raíces, también tu familia,
que antes que una litrona, te agarraste a la horquilla,
que la insolencia no brilla, y el varal nunca perdona.
Que tú no sabes lo que es
un Viernes Santo sin pasos,
¡ y no porque se mojaran!
es que nadie quería sacarlos.
Que esto que ahora disfrutas
costó desvelos y guerras,
y lustros soportando la nada,
y muchos se comieron la tierra
pa que hoy tú escupas las gambas.
No olvides chaval este canto,
en lo que te reste de vivir,
de uno que acaba de nacer
y aun le queda por aprender
casi tanto como a ti.
lunes 8 de diciembre de 2008
41
yo cargo con tu agonía,
con el hombro dolorido
y el corazón empeñao de por vida.
A.Bustos, 1998.
domingo 30 de noviembre de 2008
40
unas luces avanzar
como un río de cirios.
Se ve, el incienso subir,
en la noche sutil
de azahares y lirios.
P.Romero, 1994.
La primera somos los adultos, los padres, los cofrades con cierto camino andado y no olvidado, que educamos y alimentamos a los muchachos en los dogmas del sacapasismo, arrojando toda la valía sobre el arte del cargar sin advertirles que hay que ser cocinero antes que fraile. 16 años, chaval. 16. Los más jóvenes no valoran la figura del penitente, porque nosotros mismos no la valoramos. No se les educa en el respeto a nuestra fiesta, sino con suerte a una parte de ella.
Y como los padres a fin de cuentas no dirigen cofradías, la otra parte de responsabilidad recae sobre las juntas directivas. Y de directivas no entiendo mucho, pero de paternidades todavía menos, así que me voy a permitir hablar más de lo otro que de lo uno. En mi corta experiencia intramuros de la Pasión, pude ver absolutamente de todo. Prefiero no imaginar lo que habrán podido ver –y callar- los que llevan toda la vida en esto. Si el hermano común, posiblemente sin quererlo, ya contribuye a engordar el desmesurado culto al paso, dentro de las cofradías esta tendencia acucia hasta la asfixia, y abraza cifras ilógicas. La cantidad de recursos (económicos, humanos, temporales) que se destinan o se relacionan de modo directo con las imágenes y los pasos, en relación a los dedicados al resto de la hermandad, me resulta francamente alarmante. Aunque no tanto como la constatación de que muy pocos reparan en ello.
Si falta gente para cargar nos rasgamos las sagradas vestiduras, sacamos el ataud y pintamos la Semana Santa con tintes de tragedia. Suenan tubas y clarines de muerte. Si faltan capuchones, ¿capuchones? ¿eso qué es? Nadie se da cuenta. Porque los capuchones no los vamos a sacar con ruedas, ni vamos a coger el turno sobrante, darles un cirio y ponerlos en fila de a uno, ¿se imaginan?
Nos embriagamos de orgullo con los buques de fasto versallesco que surcan nuestras calles, con los enormes misterios de órdago y califato, los faroles de finura repujada, los bordados faraónicos, el oro o la bisutería. La devoción hacia estos ídolos de bronce, meras comparsas al lado del que de verdad importa en estas lides, llega hasta extremos de idolatría pegajosa, por no decir ya irrespetuosa y molesta. Mientras tanto, el cuerpo de escolta, ése que no ocupa portadas, ni carteles ni asambleas, continúa siendo el hermano pobre de la fiesta. Y mira que sale barato: un cartón y un cacho cuerda. El problema, claro está, es que el capital humano ya no viene resultando barato, sino prohibitivo.
La Semana Santa, tras una época negra pisoteada lo mismo por unos que por otros, renace a mediados de los años 80, con la creación/refundación de hermandades y con la oportuna oxigenación del plantel cofrade. A finales de esta década y principios de la siguiente, el proceso culmina con la aparición de nuevas cofradías y de otras estructuras que, en un pausado proceso de maduración, van consolidando a esta celebración como un evento de profunda raigambre social, y no meramente religiosa, en Cáceres. A partir de ahí, y hasta el inicio de nuestro siglo, la Pasión protagoniza un preclaro crecimiento que, aunque lejos de extinguirse, sí parece haber amainado y entrado ya en una fase cautelosa de reposo y asentamiento. Bien.
Desde hace tiempo, tengo la impresión de que no hemos sabido aprovechar aquel boom de los 90 para alumbrar una cantera sólida que apuntalase la continuidad de estos festejos. Que nadie se engañe, todavía vivimos de las rentas, y las rentas en esta historia se prolongan por varias generaciones, pero terminan también caducando. No fue éste de los 90 un periodo baldío -los avances fueron muchos y los logros hoy en día los disfrutamos- pero sí echo en falta alguna conquista en el terreno humano. Algún mecanismo que, surtido de aquella ingente marea de personas arrastradas por la corriente semanasantera, propiciara que las hermandades tuvieran un vivero del que nutrirse en el futuro, cada vez menos lejano, cuando la Pasión dejara de ser moda, cuando las generaciones fueran conociendo canas, y cuando salir en Semana Santa comenzara a costarnos más trabajo del que nos cuesta hoy.
No es del todo tarde, pero convendría no dormirse en los laureles, ni en los varales, por lo que pudiera pasar. Siempre resulta agradable, y más en estos tiempos, ver a la chiquillería impetuosa agarrarse a la almohadilla y derrochar ilusión ante un reto que para ellos es mezcla de lo épico y de lo místico, y alberga briznas de hazaña y de rito iniciático. Puedo comprender al padre henchido de orgullo viendo seguir sus pasos al primero de su prole. Pero se me antoja que quizá, en aras del bien común, debiéramos dejar a un lado lo emocional, y centrarnos más en lo práctico. Lo práctico es que dentro de 30, 40, 50 años siga habiendo gente para sacar las procesiones. Y se supone (ya no sé si es mucho suponer) que las procesiones salen a la calle gracias a los hermanos de carga y también a los hermanos de escolta. Al paso que vamos, el primer grupo terminará fagocitando al segundo, y nosotros aplaudiendo. Y los chiquillos, en lugar de pasos, cargarán con la pesada losa de la derrota, del vacío y del no-lugar.
El oficio de la carga tendría que ser tabú para cualquier persona menor de 16 años, una edad excesivamente temprana, pero que tomaremos válida por aquello de cumplir los estatutos. 16 años. No es ya una barrera impuesta por las leyes físicas, sino por la necesidad. ¿De dónde acabará mamando el cuerpo de nazarenos, si dejamos a los chavales meterse bajo las andas con 15, con 14, con 13 años, y no sigo bajando pero seguro que todos estamos pensando lo mismo? ¡Cambio cirios por horquillas! Quizá nuestras directivas debieran no pensar tanto a cinco años vista, y sí tener la conciencia, el aplomo y la amplitud de miras suficiente como para trazar los objetivos más allá de los horizontes visibles, cuando muchos nos hayamos quitado del medio y seguramente estemos ya para otros trotes. No es fácil. A nadie le gusta sembrar para que los frutos los recojan otros, pero la teoría dicta que aquí remamos todos en la misma galera, ¿no? Que somos, o nos hacemos llamar, cristianos, que compartimos y que nos solidarizamos, que trabajamos en armonía y somos todos muy buenos y ese tipo de cosas. Que los penitentes son más importantes que una banda, que un manto o que un paso de plata, que dentro de los capirotes hay personas, no muebles, y que sin personas, sin capital humano, las cofradías se acabarán yendo al carajo, por mucho patrimonio del otro que atesoren.
Alguno dirá, no sin razón, que este es un problema más, que tenemos muchos otros (de mayor o menor importancia, que lo juzgue cada cual). Pues efectivamente: ¡es un problema más! Y como tal hay que meterle mano, cual cerveza tras traslado. Alternativas hay, si no para atajar el asunto, sí para atenuarlo. Muchas están ya expuestas donde se deben exponer, que no es precisamente en un espacio de Internet. Pero para acabar con un problema hay que reconocer su existencia, primero, y tener ganas de resolverlo, después. Y como en cualquier otra empresa, hace falta dedicación, hace falta invertir tiempo, y hace falta valentía a la hora de tomar algunas decisiones. Que pese a quien le pese, en Semana Santa queda mucho por inventar, y la tradición debe actuar siempre como trampolín, nunca como ancla.
Tampoco pensemos que todo es noche cerrada, ni vayamos a tropezarnos a estas alturas con el manido derrotismo: es un hecho objetivo que a algunas cofradías no les va tan mal con la cantera. A lo mejor habría que fijarse en ellas, preguntarse cómo lo hacen, y analizar motivos y consecuencias. A lo mejor para eso tendríamos que mirar al vecino con ganas de aprender, y no con ganas de criticar. Y a lo mejor así conseguiríamos una Semana más digna de llamarse Santa. A ver si nos dejamos de pamplinas y nos dedicamos a lo que nos tenemos que dedicar, que cualquier año de estos nos vamos a llevar un buen susto, y alguno quizás se lo haya llevado ya. Me gustaría ver alguna tarde a todos nuestros electos gobernantes reunidos para buscar soluciones conjuntas a cuestiones de esta índole, y no para otras menudeces de las que uno se entera. Pero me temo que eso es una utopía aún mayor que la de esperar que esto se resuelva con el paso del tiempo y la inercia de los acontecimientos. Mientras llega ese día, señores, a mí no me salen las cuentas, y nuestra Semana Santa continúa caminando a la buena de Dios.
sábado 22 de noviembre de 2008
martes 18 de noviembre de 2008
38
Tengo un corazón repartido en dos novias, la novia de adentro y la novia de afuera. Dos novias rugientes, que cuando presiente que alguna la llama se escapa corriendo hasta su ventana. Viviendo con su novia de fuera, mi corazón asistía con cariño, cada primavera desde que era niño, a las risas y encantamientos, a los sonidos y sentimientos, a los cantos y emociones. No entendía de preocupaciones. Viviendo pendiente de vivir, solamente. Cantando y contando sus verdades, sin pudores ni ataduras. Riendo las desgracias y peleándose con la premura. Libremente.
Mi corazón fue creciendo. Y vino asimilando lo que su vida era, y cosechando el conocimiento propio del paso del tiempo. Y en una madurez temprana, allí le llegaron un día cantos de sirena de su novia de adentro. La novia profunda, la mujer sabia que le prometía felicidad verdadera, le engatusaba con el misterio del poder y de lo incógnito, y le conducía hacia los rincones ocultos de su alma.
Y tanto que la quería no pudo resistirse, y adentro que se fue. Se metió de lleno en los brotes de la pasión. Dejó la superficie de la tranquila mar, y se hundió con ella de la mano a la conquista de la atlántida desconocida, de enclaves privilegiados, de abisales tientos vetados a la imaginación adolescente. Disfrutando tanto de tantos momentos que de pequeño siquiera imaginaba. Sumergiéndose en las mimbres que adoraba. Conociendo cosas que antes apenas adivinaba. Entendiendo porqués, y empapándose de la experiencia.
Su novia de adentro le mostró la cruda verdad de lo que en su mundo sucedía. Las miserias y las bondades que se cuecen en la sala de máquinas. Lo que siempre quiso vivir, y lo que nunca querría haber visto. Las piruetas y el pasilleo. La palmadita y la gloria. También el lado más feo. La entrega obstinada y los rencores subyacentes. Disfrutaba y sufría como nunca. Vivía con una intensidad creciente. Mi corazón no cumplía años, cumplía abriles. Y con el paso de los abriles comenzó a añorar la tranquilidad de los primeros años. Le faltaba el aire, y espacio para el solaz. De mi corazón pendía un dorado cordón que le abría puertas antes cerradas, pero también le cerraba otras que antes no existían. Tan dentro se sentíam, pero al mismo tiempo tan desterrado de ella…
Poquito a poco fue dándose cuenta de que vivía entre dos mares, y que se ahogaba nadando en círculos. Mi corazón se volvía loco al tener que callarse, al tener que aparentar, al tener que disfrazar sus sentimientos verdaderos, pues vivía marcado con el lápiz de la pose oficial, de la prudencia impuesta, obligada y no sincera. Un antifaz desde marzo hasta febrero. Nunca le gustaron los uniformes, mas por su novia de adentro tenía que ponerse uno todos los días. Aguantaba porque el amor podía más que la desazón, pero esto solamente ocurría en los primeros meses de unión. Después, inexorable, comenzaba a rebelarse la otra cara de su cruz.
Y a medida que el arrepentimiento crecía en él, sentía con espanto que estaba traicionando a su novia primera, la que le enseñó las pasiones y le fue siempre fiel. La que le acompañó y siempre estuvo a su vera. La que pese a los años aguantó estoica la espera. La estaba abandonando por un intramundo de puñales, de intereses y de mentiras. ¡Con lo felices y disueltos que vivían juntos los dos! ¡Ay, mi corazón!
Mucho antes de estallar, él ya lo sabía. Que tarde o temprano volvería, sí. Con su novia de afuera, su novia de siempre. Y siempre volverá, una y otra vez, por más que cambie de orilla, y por más que diga la gente. Queden para otros el respeto y la honrilla. Mi corazón huye de las prisiones, de la primera fila y de los collares relucientes.
miércoles 12 de noviembre de 2008
37
han!
¡Nosotros
hemos!
¡Vosotros
habeis!
¡Tú
has!
¡Él
ha!
Pero, yo...
¿eh?
J.Lizano.
Lamento ácrata. Lizano ni es cacereño ni cofrade, pero parece que lo escribiera a propósito.
miércoles 5 de noviembre de 2008
36
detrás de un montante de tantos millones,
detrás de los críticos y autoridades,
y de esos que tanto saben de nuestras tradiciones.
Detrás de tantos siglos
de piedra y de cultura,
detrás del periodismo, y de la literatura.
Detrás del alcalde y del concejal,
De los campanarios, del museo y los laicos,
de la tele y la radio.
Detrás de los blogs y de la libertad,
de tantas menciones, de tantos honores y tanto centenario.
No se ve,
pero se hace presente a través de sudores.
No se ve,
la terrible labor y la dedicación de todos esos hombres.
Detrás de tanta flor,
en otro escalafón, donan su corazón
esos que toa su vida ponen patas arriba.
Letrado y panadero,
el peón y el banquero,
pintor y electricista.
Detrás del antifaz,
usted descubrirá
que hay todo un mundo debajo:
tantísimos cacereños,
haciendo milagros y poniendo empeño.
No sea tan listo, que usted no ha visto,
usted no ha visto a los hombres llorando.
miércoles 29 de octubre de 2008
35
jueves 23 de octubre de 2008
34
una tarde de abril salieron,
juntos los dos.
Y las estrellas a su alrededor.
J.R.García, 1979.
viernes 17 de octubre de 2008
33
Un día vinieron a buscarme al corral. Partí sin merecer opinión, y dejé en mi lugar sacos de grano por cuenta de quince meses. Largo fue mi viaje. Ya no galopaba, ya no trotaba libre. Caminé cansado largas jornadas, azotado, atado en corto, famélico. Mis captores eran del mucho palo y del poco pozo, y no bebía más que el agua de la lluvia. Desde mi primer segundo de esclavitud añoré los peñascales, las sierras que atravesé sin más faro que la luna, los riscos por los que solí trepar. Las espigas y las alfombras de verde amanecer ya eran sueños pasados. Quedé solitario en aquella ciénaga, raspando mi piel entre alimañas, espinas y pinchos de cardo. El viento del sur ya no peinaba mis lacias crines de caballo.
Llevaba tres años recluido en aquella pocilga. Recuerdo que aún brillaban las estrellas cuando a palos me sacaron aquella mañana, y entregaron mis riendas a las manos rudas de un centurión. Le noté nervioso mientras subíamos a una loma en la que mataban y torturaban a sus semejantes. Yo fui testigo de aquella barbarie. Aplastaban sus cráneos, retorcían sus miembros, los trituraban como si fueran carnaza para olla vieja. Decían que ningún reo podía morir en el Sabbath, que debían apresurarse y dar muerte a éstos antes de que el sol durmiera.
Mi dueño ajustició con lanza al último hombre malherido. Gayo Cassio le llamaban. Pasado el mediodía, cayó tormenta. El cielo se entoldó de súbito y todos huyeron, aprisa e inseguros. Nunca más volvió a montar mi grupa aquel centurión de la lanza. Se retiró entre balbuceos al campamento. Parecía contrariado, ahogado por un oscuro lazo de sombra. Repetía que sus cataratas se habían curado de repente. El día acabó pronto.
No hubo nada más. Morí de viejo, en cuadras perdidas al norte del país, sin honores ni relinchos. Sin pedirlo ni admitirlo tengo un lugar en la historia. Aquí, desde el cielo de los buenos caballos, contemplo cómo los hombres me hicieron inmortal. Me resucitaron, me esculpieron y me alojaron en establos de oro, de flores y de terciopelos. Me veneran y me tienen como un ídolo, sin haber sido más que un humilde espectador, casual, callado. Igual que todos ellos. Han pasado casi veinte siglos, y ninguno conoce mi nombre.
sábado 11 de octubre de 2008
32
http://caceresenochodias.blogspot.com/2008/07/18.html
Hablemos del temple del viejo curtido, de la tozudez de las abuelas, del arte de mil kilos danzando entre callejuelas. Cobardes que se cobijan bajo la hiel y la estulticia. Valientes que plantan cara a todos esos, a los cabestros que piensan que Cáceres no tiene nada por lo que poder partirse el pecho. Yo me compadezco de ellos, pues nunca lucharán por cosas importantes. Mas bienvenidos sean, sin rencores, a este universo de árbol, de barros y de contrastes.

Foto: E.Alonso
domingo 5 de octubre de 2008
miércoles 1 de octubre de 2008
30
Memoria siempre al compás.
Compás de la misericordia.
Misericordia en soledad.
Soledad triste en el adarve.
Adarve que hay que bajar.
Bajar el viernes a la plaza.
Plaza que viene y que va.
Va caminando un nazareno, por la cuesta dice adiós.
A Dios lo vamos a buscar cuando está cayendo el sol.
Sol, brillo de mi querer.
Querer, luna, catedral.
Catedral, cruz del saber.
¡Saber cuánto es tu dolor!
Dolor de verte aburría,
aburría de tu gente,
gente que se vanagloria, pero nunca van a verte.
Verte triste y olvidada,
olvidada en las tinieblas,
tinieblas desde la prensa a quien ya no le interesas.
Teresa, voz inmortal.
Inmortal es tu pregón.
Pregón, grande es la lección.
Lecciones de libertad.
Libertad pa mi creencia,
creencia del mundo entero.
Entero brilla el Calvario poderoso como el trueno.
Trueno lejano de tambores,
tambores de antigüedad,
antigüedad tu santo y seña,
Seña anclada en tu mirar.
Mirar profundo en mis entrañas.
Entrañas no quedan ya.
Ya viene la borriquita,
y quita días pa terminar.
Terminar amando un sentimiento.
Sentimiento ya en la cuna.
Cuna: alumbra mi pasión.
¿Pasión como ésta? Ninguna.
Una tarde vi llover.
Llover nunca es el final.
Final del duelo entre palomas.
Palomas que no volverán.
Volverán aquellas notas.
Notas, colores, aromas.
Aromas de un tiempo grande.
Grande por la puerta se asoma.
Asoma el paso de los siglos.
Siglos hollados con pisadas.
Pisadas piedras en un ciclo.
Ciclo, tú me tienes encadenao.
Encadenao pa siempre a tus murallas.
martes 23 de septiembre de 2008
29
que aun mirando nada ve,
que aun sintiendo nada siente,
y aun entendiendo nada entiende.
Pobre, pobre de aquél.
A. Martínez Ares, 2001.
martes 16 de septiembre de 2008
28
me pregunto dónde está, o en dónde se olvidaron,
el arte de esa silueta recortada en la penumbra,
mutilada sin piedad por un haz que la deslumbra.
¿Cómo algo tan artificial se atreve a presumir de hermoso?
¿Qué musa inspiró al creador de tal invento pavoroso?
¿Qué es lo que movió al directivo a lastrar las parihuelas?
¿Quién dejó que la electricidad se matricule en nuestra escuela?
Imagínate al Nazareno iluminado por las velas.
Imagínate que no hay más luz que el sol saliendo en la ladera.
Imagínate al Cristo Negro con dos faros en la cara.
Imagina el rostro divino sin farol que lo manchara.
Alumbrar, distorsionar, y destruir
la luz más pura,
la de las sombras…
la verdadera…
Si los rayitos de luna
se convierten en tu cuna
abrazando a la madera,
¿pa qué quieres la pamplina
de esas luces de mentira?
¿no ves lo mal que te quedan?
Si cuando vienes, paisano,
no distinguen tu rostro claro,
que te miren más despacio.
Pero que no te disfracen
con ese cruel embalaje
estridente, cutre y rancio.
Por eso, háganme caso,
¡fuera los focos y cables de nuestros pasos!
miércoles 10 de septiembre de 2008
27
Un sábado y madrugando.
Cuatro porras, venga,
que es largo el día.
Aun falta gente habitual,
siempre queda algún rezagado.
A lo largo de la mañana,
los iremos viendo
por el traslado.
Tú, vete al coche aquél, sólo caben cuatro.
Quedaos alguien aquí, que aún queda trabajo.
¡No gritéis todos a la vez!
Ya no nos quedan na más que dos viajes,
mecachis en la mar… me he manchao el traje.
Este año pinta mal,
dicen que lloverá.
Me tengo que marchar,
yo te acerco después, que me da igual…
A ver qué hora es, la una menos diez…
siempre al final nos retrasamos.
Ya me estoy cansando, la banda no la aguanto,
este año me cambio de paso.
Ahí subirse dos, ¿adónde está el farol?
Pasa el agua que eche un trago.
Un chiste socarrón, ¡cuidao, el escalón!
Ya están los turistas mirando...
Venga, venga, un esfuerzo más y se acabó.
Venga y a partirnos aquí el alma,
que van a cerrar la iglesia.
Luego llegarán los jetas al final,
que no han sudado en toa la mañana;
después querrán una cerveza…
Y así pasamos las horas,
y los días juntos siempre sin romper esta cadena.
Hermanos en la procesión,
y hermanos fuera.
Curramos como animales,
orgullo de ser cofrades
y de levantar tu fiesta.
La Santa Semana da igual,
que llueva to lo que quiera.
jueves 4 de septiembre de 2008
26
Marcan más de las seis, manecillas enfrentadas en el campanario de San Juan. Brisas frías, competencia de aquilones, horadan las tierras y acuchillan a tirones. Orilla clara, rezo de los hombres. Claridad que despereza, luna que se esconde.
Siete de la mañana. Santa Clara se convierte en el pórtico de nuestra gloria. Oasis que penetra en una máquina del tiempo construida sobre piedras, piedras pobres labradas bajo el sol duro y la encina atormentada.
A las ocho, triunfa el celeste sobre las estrellas. Se presenta el Nazareno en Santa María. Y todo el mundo a callar.
A las nueve horas, despertar. Desayunos cofrades. Sueño empañado de emociones que llegan o que ya se han ido. Según el día, algunos ya recogen los bártulos, otros ultiman aprisa los detalles de su estación.
Las diez del día, la hora que nadie ve. No apuramos el reloj en estas fechas. Hervideros de cofrades pueblan los templos para preparar y colocar, construir y reparar, limpiar y recoger. En diario o en festivo. Hombres corrientes con su entrega por grandeza, pobladores de la herrumbre, cofrades del año todos los años.
Las once, una cena por la mañana. Andar ceremonioso de la Expiración, cristo recio y rectilíneo al encuentro del bullicioso pueblo, pueblo vertido por las callejas en glorias de Viernes Santo; día eterno, día alegre y doloroso al mismo tiempo. Vamos a ver a la burrina. No hay nada que estrenar. Estrenamos Semana Santa, ¿para qué queremos más?
Doce del mediodía, hora agridulce, hora de principio y de final. Los niños conquistan la calle. Corazas relucientes y cascos emplumados. Amarillo, cordero y apostolado. Palmas y resurrección. Borricos y estudiantes. Reverencia y bendición.
La una de la tarde. Compadreo, masas, fervor efervescente acompañando a las cofradías de por la mañana. Costumbrismo desparramado y muchedumbre bullanguera. Cáceres, la dulzura de los árboles cayéndose en la acera. Globos, gritos y palomas que no se equivocan. Tantos recuerdos de una vida que van unidos a esta hora.
Las dos se marcan siempre en un reloj de sol. Se acercan el hambre y las recogidas. Cañas cofrades. Tertulia luminosa de primavera, regreso tembloroso y cada mochuelo a su olivo. Olimpiada en clavellinas, espectacular medalla de oro hacia la cumbre de San Pedro.
Tres de la tarde, hora del lancero. San Mateo, Gólgota de occidente que preludia siestas de antología. Una cena exhausta baja ya de vuelta.
Las cuatro. En la carne señalada la madera crujiente. Caigo recostado sobre el vientre del reposo adormecido. Sueño adormecido con el eco recostado de tu vientre.
Y a las cinco el descanso pesado, la sobremesa fugaz, el tren que se acerca, el sentir que despierta. Son horas de tibia espera y de calma incertidumbre anunciando una nueva manifestación de fe.
A las seis da comienzo el ritual. ¿Acaso no estamos ante lo que llamaron Liturgia de las Horas? Los aparejos, a la bolsa. La mano, al corazón. Inane la congoja. Segundero que corre paralelo a la emoción.
Dan las siete. Ciudadanos y autoridades, curiosos y cofrades, foráneos y locales se lanzan a la intemperie. Va siendo hora de llegar, de ver, de coger sitio. El reloj nos atropella, y el aire huele diferente. El paseo, cronometrado hasta el último segundo. Elegancia y rigor por la puerta nueva de Santa Gertrudis. Montaje laborioso bajo los arcos de Santiago. Ponemos en marcha el perfecto engranaje de un mecanismo secular.
Ocho de la tarde, la Semana Santa se funde con Cáceres. El pavimento se torna hormiguero tremolante, los templos se tiñen de colores. Aromas de años viejos que recuerdo con honores, sólo porque los viví de niño, no porque fueran mejores. Te juro que no cambio ni un trocito de aquí por todo el oro y el moro que nos quieran cambiar desde otros lares. Majestad dolorosa entre historiales que meten miedo, palio verde y danzarín, nazarenos presos del perdón, turbantes hebreos, yacente sobrio bajo urna angelical, ceremonia olvidada del descendimiento.
Nueve, hora de batallas, hora de anocheciendo, hora culmen del fervor cofradiero. Quisiera detener el tiempo aquí. Instantes de penumbra trágica por la Cuesta de la Compañía. Caminar brumoso y escalonado a deshora. Paisajes de roca pura coloreando del sol la clausura. Arco de la Estrella, que separas la historia del presente, qué poquitas madres osan cruzar bajo tu puente, puente forrado de espinas, espinas que forman en las esquinas guirnaldas con las parras, Parras que cobra vida una vez al año, por la gracia de su esperanza. Y es de ver el jardín de Cánovas a esta hora... traen la Misericordia hasta los lugares donde su presencia más se añora: El hospital y la hacienda. La Semana Santa abandona su refugio y visita al Cáceres pagano. Se asoma a múltiples avenidas, a cláxones y semáforos, a fuentes y pasos de cebra. ¿Qué te dan allí para que troques el asfalto con la hiedra?
¿Y las diez? A las diez siempre hay pasos en la calle. Arte, fe y tradición reptan por laberintos de balcones, arcos de fantasía, épicos torreones y otros escenarios que ya el medievo conocía. En la lontananza, ecos de solemne Vía-Crucis al sur de la capital.
Once de la noche. Senderos empinados salpicados con puntos rojos. Desciende el Amparo. Huele el brezo, la retama y el rastrojo. El cristo gótico prolonga un clímax inacabable en un barrio con solera. Miramos al humilladero de reojo
Las doce en punto, ¿es ayer o es mañana? Tres llamadas en el picaporte. Cantinela de las once palabras. Rústicas teas con débil luz. Concierto fúnebre para bombo y esquila. Tintineos y golpes secos se entrelazan a compás. No cambiaba de repertorio, ni falta que le hacía.
Una de la noche, hora negra y singular. Tiempo de calles inéditas. Caleros, Colombia, Bondad quedan atrás. Éste es su barrio, y ésa su hermandad, agreste asiento para el cofrade tradicional. Quedo a solas con mi reloj. No existen alcaldes ni alcaldas con poder para gobernar en los pliegues de mi alma. No existe gobierno más que yo.
Pasan las dos en la oscuridad más fría. Se cierran las puertas arriba en San Mateo y abajo en Santa María. Hermanos cabizbajos, con atavíos de otro tiempo, concluyen aquí la exposición pública de su creencia. Es la hora en que el silencio se hace fatiga, y la fatiga marca el blanco de los nudillos. Es la hora en que el templo se hace más templo que nunca.
A las tres cruzamos el umbral que pregona el paraíso. Despedimos a la madrugada y nos abrazamos a la Madrugada. Túnicas gemelas se pasan el testigo. Antesala del gran sueño, vigilia prolongada. Un retoño de la mística me siento en este momento. Cofrades de mirada ceñida, con la sangre de cuajo y los hombros de cemento.
Cuatro de la mañana. Turnos apresurados y cuentas equivocadas. El reloj se acelera por momentos, los dígitos vuelan incontrolables, la vida ya no se rige por el tiempo. La medimos ahora en calles y en plazuelas, en bombos y en esquinas, en marchas y en relevos.
Son las cinco de la madrugada. Todo empieza… ¿o todo acaba?
viernes 29 de agosto de 2008
lunes 25 de agosto de 2008
24
sábado 16 de agosto de 2008
23
domingo 10 de agosto de 2008
22
Cuida de estas letras, que adentro llevan mi alma.
Soy Camberos en penumbra.
Soy el desgarro cornetero.
Soy el guijarro traicionero,
que por Bujaco te derrumba.
Soy San Juan en trasera sombría.
Soy Soledad que guarda mi tumba.
Soy Pizarro, solitario y tenebroso.
Soy Santa Clara, Puerta del nuevo día.
Soy adarve, moruno y bullicioso,
y en él camino por donde solía.
Apoteosis cruzando Santa María,
desayuno riendo luminoso.
II
Yo, retiro eterno del escriba,
tanto lujo llevo como rehuyo.
Soy suspiro de larga fatiga
en los hombros de los hombres tuyos,
Y te miro tragando saliva,
y te asombro entre los murmullos.
Soy violento claroscuro,
poso de lo profundo y lo popular.
Soy la inspiración de tu arte,
de la nota, la palabra y el flash.
Yo soy el cuarto centenario.
Soy custodio y relicario.
Soy aliento a medio escapar.
Soy presente, futuro y pasado.
Soy la huella de la antigüedad.
III
Soy el octavo pecado capital.
Soy bostezo criminal en la mañana.
Soy pasmo y rezo al contemplar
el reo andando por la muralla.
Yo te miro y nunca te miento,
yo te hablo hondo con la mirada.
Soy la ilusión a tu cuello anudada.
Soy la fuente de tus pensamientos.
Tierras de abolengo y espada,
pudieron ver mi acunamiento.
De nada ni de ninguno
yo me siento patrimonio.
Soy alarido quebrado
de un poblado mansurrón,
que pervive prendido de insomnio,
que obedece silente al reloj.
IV
No preguntes Cáceres, quédate en la duda.
Soy la plata que a mis faroles da tu luna.
Yo soy aquello que te hace diferente.
Soy tu resuello, fugaz y reverente.
Soy lo nuevo y soy lo viejo,
frío emboscado en pedernal.
Soy el repiqueteo de horquillas,
que al ritmo del tenso pellejo
más que andar quieren bailar.
¡Que no me empadronen en Sevilla!
¡Que éste es mi carné de identidad!
V
Soy ídolo de atávicas hechuras.
Poseo trazas de legendario.
Llevo un gesto macilento,
que nunca precisó de cura.
Ni tengo ni quiero barrio.
¿Pa qué más barrio que mi gente,
más cartel que la piedra caliente,
ni más trono que la Extremadura?
Soy el quinto día de la semana,
motivo de esperanza cotidiana.
Soy la gala que no halla balcón,
y la pala que ahonda tu reflexión.
Soy el miedo que existe en ti,
clavo ardiendo si se acerca el fin.
Soy la garra que tu palo amarra.
Soy el que da el sentido a tu sentir.
VI
Acojo tu historia entre mis brazos.
Muero a diario por tus calles.
Transformo mi última costilla
en preludio denso de tus detalles.
Soy el lirio en tu penar,
y el clavel en tu alegría.
Soy enjundia por el día,
y en la noche majestad.
Soy tu conciencia atroz.
Soy alivio en tu agonía.
Soy crujido de rancia madera,
boca de quien no tiene voz.
Del rigor de la madrugada
nadie sabe más que yo.
Del rigor de mis hermanos,
hablaremos en otra ocasión.
VII
Tengo el sueño por equipaje.
Por mí ya sudan los chiquillos.
Por mí se hacen personajes
tantos tristes personajillos.
Por mí se torna la plaza
en un lienzo vivo de Murillo.
Yo soy portones de caoba,
los testigos de mi camino.
Por mí callan los altos trinos.
Por mí amamantó la loba.
Enjambre de dilatada pena,
hambre de pregón constante.
Riscos mordidos de almena,
faros de cera tremolante.
Ventana que besas la escena
pa ver mi estampa itinerante,
abre tu pestillo a mi paso
que yo soy el estandarte.
VIII
Soy el veterano huraño.
Soy la espera sentida.
Soy el amigo de por vida,
que ves una vez al año.
Donde yo piso con mi leño,
ni los jefes de tu mundo
ni la fuerza de la bulla
osan cuestionar mi rumbo.
Mira si soy cacereño,
hombre que a mi vera arrullas,
que hasta me puse en un segundo
el nombre de una calle tuya,
Y de tanto y tanto caminar,
grito mas no me hundo
Y mi madre se quiso llamar
como las lindes de tu catedral.
Tú que a pesar de la edad
me paseas gemebundo,
tú que me viste de nieto
y vas a verme de abuelo,
tú que naciste con la suerte,
de poder besar este suelo.
Soy en tu vida el anhelo,
soy el consuelo en tu muerte.
IX
Renazco en albores de marzo,
no cabe la gente en la plaza.
Dos hermanos a mi lado
escoltan sus capas blancas.
Dedo gordo desgastado.
Cambio besos por estampas.
Soy tu sed, tu enfado y tus dolores,
soy la razón de tu amanecer,
soy el león junto a la torre,
ave temprana y cordel.
Soy tu mito y soy tu tiempo.
Soy plegaria bajo el olivo.
Yo disfruto el premio lento
de morir mi muerte contigo.
X
Yo soy la nube sin cielo.
Yo soy la noche sin luna.
Yo soy el llanto sin ruego.
Yo soy la nana sin cuna.
Yo soy la rama leve
que acaricia mis espinas,
heridas de mi escarmiento.
Yo soy la llama breve
que detrás de mi camina,
e ilumina mi tormento.
Y acabado el gran dolor
saco pinchos al momento,
doy calor al sentimiento,
enfrío cañas en el asador.
¡Jefe, rondas pal regimiento,
que esta noche invito yo!
Yo soy la lluvia que temes.
Yo soy el aire que bebes.
Yo soy cruz suspendida al viento.
Yo soy el morao.
Yo soy el silencio.

sábado 2 de agosto de 2008
21
lunes 28 de julio de 2008
20
contra la acera.
Acompaña prudente
a mis hombreras.
Ennegrece mis guantes
estrenaítos,
soniquete elegante
de tantos siglos.
Tírate a destrozar
las viejas piedras.
Sé por siempre el pilar
de tantas guerras.
Apuntala mis andas.
Representa a mi pueblo.
Marca tú estos compases
que llevo dentro.
Cuerpecito alargao,
piel de madera,
una cuna en lo alto
es tu cabeza.
Quédate, que tus primas
las almohadillas
se ponen si te arrimas
muy nerviosillas.
Quédate amontonada
en sucios suelos,
once meses de nada,
hasta el tercero.
Quédate, que mi gente
te guarda aplausos.
Sigue recta y valiente,
quédate para siempre
bajo mis pasos.
miércoles 23 de julio de 2008
sábado 19 de julio de 2008
18
No es difícil desterrar leyendas de tan misérrimo sustento y condición, pero estas tareas debieran recaer sobre la incipiente generación de cofrades que van asiendo las riendas. Personas largamente instruidas en nuestro oficio, cofrades desde la cuna que no se conforman con los parámetros establecidos, que rehuyen lo evidente y que no aceptan cualquier verdad por antigua que se conozca. Levemos ya las anclas de las verdades asumidas, y observemos con detenimiento el explosivo paisaje multicolor que se dibuja ante nosotros:
Deja que te atrape el azul poderoso en el cielo del domingo. Azul celeste en el remanso claro del amanecer, azul chillando en un cristo que muere a las tres, azul marino y silencioso en el traje austero de la banda o del oficial. Azul profundísimo que cubre la saya hebrea y paliducho del pantalón vaquero, la ropa interior favorita del penitente.
Rojo intenso de rosas, claveles y otras floras. Rojo danzando con los aires en el penacho del romano. Rojo sanguíneo que sube al cielo desde los antifaces. Rojo que refulge en la cruz de Santiago. Rojo derramado a los pies de indulgencias, calvario, expiración y buena muerte. Rojo el color del sagrario, rojo severo en el lunes y en el sábado, oscuro del humilladero y de la cena, amoratao de los hombros por la noche, escarlata en el escapulario de Vera Cruz y en el faldón de la Preciosa Sangre. Roja esta pasión y rojo preñao del vino que florece en las tertulias. Rosaditas las malas lenguas que habitan entre nosotros, así se muerdan y envenenen un buen día. Rojo es el lápiz de la censura que nos dicta de qué se puede y de qué no se puede hablar aquí, roja la hoguera en la que arderá y rojo el diablo a quien le presta forma.
Verdes ramos de esperanza por Busquet. Verde la hiedra que trepa las murallas, y la que colorea solemne y callada los pasos de otro siglo. Verdes los tallos, hojas y ramajes que se entretejen bajo las conejeras. Verde negruzco en las faldas de la montaña, laderas que le escoltan en la tortuosa senda hasta San Mateo. Verde pasteloso en el atavío de la de Magdala. Verde puntiagudo de las palmeras, verde de la arboleda de San Juan, verde el que nos falta en la Plaza. ¡Verde nuestro de las bolsas del Tambo para guardar los aparejos, más cacereño no lo hay! Verde frondoso de Cánovas portuario, océano populoso donde navegan tus grandes barcos.
Blanco, síntesis de todos los colores. Blanco níveo de túnicas cuidadas. Blancas nubes de desesperanza. Blanca pureza de los niños que empiezan. Blanco místico de la luna redonda. Blanco perecedero de los guantes nuevos. Blanco verduguillo tan característico del Buen Fin. Blanco formal de las papeletas, facturas y recibos que nos someten.
Grises plomizos de tormenta, grises de plásticos inevitables y de la llantina consiguiente. Gris centelleante en la plata y en la alpaca. Gris inmaterial en el humo que nubla y que perfuma. Gris oxidado en la tornillería necesaria, y gris simpaticón del borrico portador de la alegría.
Marrón noble de la madera antigua, de los bancos, de las horquillas pardas musicando, marrón sacro de las cruces y el carey, bronceado de la esquila, ocre de las piedras que acogen la solera entre sus muros, sombra tostada de los torreones y palacios que avistan vigilantes nuestro transitar, chocolate y café del viernes por la mañana, cueros para sostener los estandartes… ¡qué color tan cofrade! En las velas se disfraza de caramelo y lo llaman tiniebla. Nos amenaza raído allá en lo alto, desde los nidos de las cigüeñas blancas y negras. ¡No ponerse debajo, que nos van a bautizar! Marrones diferentes en cada una de nuestras andas. Y tantos ilustres marrones que se comen unos pocos para sacar esto adelante.
Amarillo luminoso en el sol que nos conforta y nos da tranquilidad. Amarillo dorado en la corneta, los remaches y la coraza. Dorado fúnebre de la urna, dorado que brilla en la burrina y se pierde en la inmensidad del Calvario. Coronado de blanca espuma en la cerveza, bebida cofrade por excelencia, que para eso se pinta con los colores del Vaticano. Apagado en los cirios, encendido en los cordones, alegre en las palmas bendecidas. Amarillo ribeteando la resurrección y alfombrando las batallas. Amarillo de otro tiempo decorando las dalmáticas de los acólitos y coronando figuras sagradas. Amarillo anaranjado de las teas, y de la tarde cuando el sol declina sobre las nueve.
Negra la mudez del amparo, la capucha del santo crucifijo y la sobremanga luctuosa del entierro. Negro de tu suerte y del destino definitivo. Densa negrura de aire irrespirable bajo las entrañas de los pasos. Hollinadas manos tras el trabajo y pies desnudos tras cumplir la promesa con el madero a cuestas. Negro de horquillas metálicas y pesadas que suenan diferente. Leche y picón, esmoquin de los estudiantes, cofradía elegante que siempre viste de etiqueta. Azabache brillante de los zapatos limpios y de las pupilas al baño maría. Negra la reflexión cansada sobre la cama, negros callejones, negro respetuoso de las mantillas e insolente de las gafas.
El morado es nuestro santo y seña, siempre está presente. Morado de toda la vida en las capas que visten penitencia y arrepentimiento, morados llegan los nazarenos y los turbantes del amor, morada llega Doña Cuaresma con su vil penitenciario bajo el brazo. Morados nos ponemos cuando nos juntamos más de tres, no me digais que no.
Y que nadie piense que aquí concluye este viaje. Encontramos también el puro arcoiris en las túnicas de los apóstoles. La policromía perenne en las tallas. En la noche del Miércoles Santo, el vivaracho y atrevido color naranja adquiere matices lóbregos. Un naranja fantasmagórico que asoma de entre el negro más negro, sirviéndose de llamas y extraños sombreados que se deslizan por las paredes. Negro, burdeos, aceituna, muestrario de colores con empaque que nos acompañan junto a las almohadillas. Tiniebla, violeta, rojo sangre, amarillo común, azul, tintes variopintos que se derriten en los hachones. Verde, blanca y negra, la gran olvidada de nuestros balcones. Procesiones a vista de pájaro: un hilillo multicolor y serpenteante enhebrando la ciudad antigua.
Mira que incluso lo translúcido reluce con personalidad propia en este radiante estallido de colores que llamamos Semana de Pasión. Incoloras como las brisas son las subvenciones que no llegan, el cosquilleo de Febrero, la fatiga, el abrazo, la mirada, el apretón, el compañerismo, una cuesta abajo, diez cuestas arriba, la espera, el redoble lejano, la melodía triunfante, la voz de una saeta jugando con el viento. Quién trazará soledades, tensiones, angustias y carcajadas espontáneas… quién dibujará tanto trabajo, tantas horas y tantos sudores, tantos disgustos gratuitos, tributos ineludibles que no salen a la luz, tantos secretos que nos llevaremos a la tumba. ¿Quién los pintará, acaso con tinta invisible? ¿Qué pinceles dieron vida a una obra maestra de esta hondura? ¿Qué bestias se arropan con el pelaje que los corona? ¿Quién concebió la mezcla de las pinturas que los remojaron? ¿Qué árboles nos ofrendan la paleta sobre la que descansan? ¿De quién es la mano que los dirige con maestría y que supo dar un salto adelante sin dejar de ser sabia? Ninguno de ellos me los imagino habitando en el mundo que nos enseñaron. Solamente Cáceres, auténtico museo a cielo abierto, sería capaz de dar cobijo a semejante mosaico de arte y valores.
domingo 13 de julio de 2008
17
cuando me enfrento a ese gigante.
Un gigante que me hace temblar
y que ahora mismo yo tengo delante.
A.P.Serrano, 2008.
miércoles 9 de julio de 2008
16
yo alabo el gusto a Sevilla,
porque por lo menos allí
defienden a morir
cada palmo que pisan.
A.Martínez Ares, 1987.
sábado 5 de julio de 2008
15
Los pecados capitales resumen con sorprendente acierto lo que nuestra fiesta va padeciendo con el transcurso de los años: una tenebrosa jarcia de desdichas que no es sino la lógica consecuencia de todos estos males, males que conviene aquí proclamar y presentar en sociedad para advertencia de muchos y sonrojo de otros menos.
La ira del mayordomo cuando no le quedan puertas donde llamar, cuando todas se las han cerrado y el tiempo es una horca que aprieta pausada pero inexorable.
La codicia de esas cofradías que exprimen con avaricia a sus hermanos instrumentando diezmos inabordables, costeándose así vicios ya caducos como sacar pasos a la calle, contribuir a obras de caridad o sustentar tradiciones que a saber a quién importan.
Lujuria a raudales la que altera mi sangre cada vez que nace una primavera, y me aprieta esa pasión interminable que es quererte y fundirme contigo.
El orgullo vanidoso del cofrade anónimo que contempla a su Virgen en la calle, sabiendo que el esfuerzo de sus manos ha forjado el carruaje donde viaja, que el manto corre a cuenta de su familia y que las flores son los ahorros de cuatro meses.
La envidia roedora y maldita de contemplar una Sevilla paralizada durante dos semanas y cofrade a los cuatro vientos durante el otro medio centenar, que refulge empapada de azahares cuando en otros pagos (y está feo señalar) han de pedir permiso para estar en la casa de Dios.
Es de ver la gula de esos que se llaman cofrades, compartiendo su modus vivendi al calor de festines pantagruélicos, donde la carne, el vino y la cerveza se derraman como arroyo en el deshielo. Y venga raciones, y venga bebidas, venga risas y venga jolgorio.
viendo tales horrores,
que el Señor nos guarde a los justos
y nos libre de estos pecadores.
miércoles 2 de julio de 2008
14
qué podemos hacer nosotros por la Unión,
la mitad de veces que nos preguntamos
qué puede hacer la Unión por nosotros.
lunes 30 de junio de 2008
13
El éxito, de la ciudad.
El olvido, de los anónimos.
Pero, sin anónimos,
ni calle,
ni ciudad,
ni éxito,
ni cofradías.
viernes 27 de junio de 2008
12
jueves 26 de junio de 2008
martes 24 de junio de 2008
lunes 23 de junio de 2008
9
¡Pobre tierra de caínes! Hundimos un puñal en nuestra Semana Santa cada vez que anteponemos el quién sobre el qué. Puñal forjado en desconfianza, y agujeros por donde se escapa la grandeza en la que no queremos creer.






