martes 8 de septiembre de 2009

61 - Duele el varal

[Publicado originalmente en la cuaresma de 2008]

¿Qué hay más grande que una espera, cuando se sabe que esa espera desembocará en la dicha plena? Cuánta sabiduría cofrade encerrada en estas palabras de García Barbeito. Se terminó la espera, ya llegó el día. Atrás queda la Cuaresma, las exposiciones y los actos, los cultos, prolegómenos de la Pasión que fluye efervescente. Atrás queda el tiempo en el que la cera, el incienso, los redobles o las levantás son sólo un bosquejo. Atrás quedan las vísperas, el trajín de los traslados, las tertulias y los bares, se terminaron el trabajo oscuro a deshoras y las consultas nerviosas de los pronósticos meteorológicos. Atrás queda esta bendita locura de pensar que no existen en el calendario más meses que los de marzo o abril.

Comida ligera y reposo, hay que evitar sustos. Los guantes, el cordón, la medalla… ¿está todo? Qué angustiosa esa sensación de que se te olvida algo. Abro la ventana, miro al cielo, corre una ligera brisa pero brilla el sol. Hoy no habrá problema. Menuda tuvimos el año pasado con las tormentas de primavera.

A estas horas suele haber poca gente por la calle. Se puede pasear tranquilamente, despacio, esquivando a algún turista. Un año esperando esto. Me gusta llegar pronto al templo, no hay jaleo todavía, pero el tenue hormigueo de hermanos se irá transformando en marabunta conforme avance la tarde. Algún directivo nervioso recorre los aledaños con papeles en la mano, abrochando detalles de última hora. Nos dirigimos a nuestro sitio, el rincón habitual. Van llegando poco a poco; aquí están, las mismas caras de siempre. Se echan en falta un par de habituales en la delantera. —Este año no viene, le ha tocado trabajar. Empezamos de chavales, pero son ya muchos años y a algunos se les nota más que a otros el paso del tiempo. Hemos crecido juntos en este oficio y nos hemos batido codo con codo en trincheras comunes de madera y acero. Saludos efusivos, recuerdos y bromas, algún pinganillo si hay partido de fútbol. —¿Cómo va el Madrid?

En los patios de carga se conversa de todo un poco, de lo divino y de lo humano, de cómo han ido estos meses y de lo que queda por venir. La mayoría nos vemos muy ocasionalmente, tejiendo de año en año una peculiar relación de confianza pasajera. Un vistazo al reloj. Hay que ir haciendo el turno, que siempre nos pilla el toro. ¿Dónde se ha metido éste? Todos los años igual.

Dos filas por altura. Cada año me toca más atrás. —Cuatro, seis… doce, catorce… a ver, ¿tú donde estás, delante o detrás? Colocaos en fila hombre, que luego tengo que contar dos veces. Sonrisas cómplices entre los hermanos. —Oye, guárdame el sitio que voy al servicio. Vuelta a empezar. Doce, catorce, dieciséis… — ¿aquí quién iba? —Tú cuéntale, que ha ido al baño pero ahora mismo vuelve. Pfff… el jefe sigue con el recuento, pero esta vez más deprisa. Risas y compadreo.

Bueno, ya estamos. Al final los mismos de siempre, si es que no hace falta ni contar. —Luego dentro nos colocamos mejor, que aquí el suelo engaña mucho. Veinte minutos, todavía queda tiempo, el último cigarro. — ¡Señores, vamos para adentro! Primer contacto con el varal. Hay que tantear el terreno, palpo la almohadilla, meto la mano y escudriño el interior. Las entrañas de un paso tienen identidad propia y constituyen una pequeña dimensión paralela dentro de nuestra tradición. Urdimbre caótica de cables, tuercas, maderas y olores característicos. Esta vez no hay travesaños ni tornillos traicioneros cerca, menos mal. Iré cómodo.

Las bromas decaen. Los últimos minutos siempre vienen acompañados por un extraño conjuro de tensión y calma chicha. Recolocamos las flores, que no nos caigan encima. Se abre la puerta. La cruz de guía ya no quiere un techo de piedra. Busca el refugio bajo el palio del cielo, mezcla de azul y dorado, limpio de nubes este año. Los penitentes abandonan el templo despacio, en un goteo incesante. Se acerca el jefe de paso con el gesto duro, y todos los compañeros buscan su puesto. Últimos retoques a la túnica. —¡Atentos!...

Ya estamos fuera. Cada vez lo hacemos mejor, la próxima con los ojos cerrados. A ver qué horquilla calzo este año, que siempre me toca la más corta… aquí llega, como siempre, apresurada. Sin darme cuenta ya me la han puesto en la mano. No nos han presentado, pero vas a ser mi compañera y mi única amiga durante largas horas. Vamos a llevarnos bien.

—¿Qué tal vas ahí? —Perfecto, tío. Mira a ver que atrás se están quejando, tendrán que cambiarse dos o tres de sitio. Cruje la madera. Quejicosa, siempre empieza a protestar antes que los propios hermanos que la sostienen. Este año llevamos la banda un poco más lejos, así que habrá que estar muy pendientes. Las próximas tres horas pasarán volando. Asoman tímidamente las primeras perlas de sudor en la frente, pero rápido se evaporan. Es normal, este año hace fresco, estamos a mediados de marzo… si es que ha llegado todo muy pronto. Son momentos para la reflexión sosegada. Mirada introspectiva. Cada uno se acuerda de quien quiere.

Culmina el contraste entre el día y la noche. No cabe la gente en la plaza, hay que aprovechar y disfrutar de la efímera panorámica antes de entrar. A la altura de Bujaco, el hermano de carga ya pierde de nuevo la perspectiva. Se vuelve a concentrar en el ritmo, en sus pensamientos y en el cogote del compañero. La cadencia armoniosa y los rostros de los esforzados se reflejan en los escaparates de Pintores. ¿Sueño o vigilia? Se pierde la noción de la realidad. La devoción orgullosa del abuelo y la curiosidad en los ojos temblorosos del niño. Vámonos otro poquito.

Después de San Juan, recién hemos rebasado la mitad del camino. El cansancio hace mella, pasan las horas y el varal aprieta, se hace notar, nos avisa de su presencia. Uno ya no sabe ni cómo colocar la mano por dentro. Hay que buscar la posición adecuada, pero la posición adecuada es distinta a cada minuto. —¿Dónde hacemos el relevo? Más risas. El comentario irónico siempre se agradece para romper la monotonía de la penitencia. Hay que descansar el hombro, pero también la mente. La garganta ya está seca, por momentos más y más áspera. La mitad de lo que tengo por un buche de agua.

Llega la saeta con su requiebro, emoción contenida que todo lo rompe. Se hace el silencio debajo, se abandonan pensamientos y conversaciones. Andar y escuchar, nada más. La música, que no moleste. Suelen ser en los mismos sitios todos los años, ya nos las vemos venir. Vamos a parar un poco aquí, que luego vendrán varias del tirón. Teresa, Juan, Pedro, Eugenio, Raquel, Simón, Tamara y muchas voces más, secuestradas bajo llave en los injustos cajones del olvido. Gritadle al viento vuestra fe.

El paso de los adarves, Jerusalén de Occidente, tiene un punto nostálgico. Es como si los siglos hubieran visto esta estampa repetida en mayor medida que las demás. Hermanos, echad los pies por delante. A lo lejos, más allá de los arcos, se avista un reguero de gente, acaso excesivo, apostada contra la muralla. —Juan, ojo que por ahí no cabemos. Ya se quitarán… o no. Nos acercamos, las mujeres alzan la barbilla y Le miran. En cuestión de segundos clavan la vista en picado sobre sus zapatos, que corren peligro de súbito. —Señora por favor, aquí no se pueden poner, que esto es muy estrecho. ¿Le doy o no le doy? Empuja la tentación, pero no vamos a armar un escándalo aquí… con disimulo recojo la horquilla y golpeo bien fuerte contra la piedra, por lo menos que se lleven el susto. Ha estado cerca. La próxima vez elegirán mejor sitio.

— ¡Abajo con él! No habrá más descansos. Hace unas horas se posaba suavemente la mole sobre las horquillas, como un clavel. Ahora, cae a plomo. Hay que estirar las piernas, la ausencia de relevos y los rollos del viejo pavimento vienen pasando factura. Se escapa algún bufido allá por la trasera. Escasean las fuerzas pero hay que rematar bien la faena; voluntad no va a faltar. Levantamos por última vez mientras se escuchan a lo lejos el murmullo y el desorden superlativo de la entrada. Todos nos esperan.

Ya estamos en casa. Felicitaciones, abrazos, despedidas. Un minutito en el banco para sentarse, respirar y pensar. Anhelo una pizca de soledad imposible. Fíjate, los guantes hechos una pena, ¿me servirán para la próxima? Toca recogida, que se hace tarde. Se funden la satisfacción del deber cumplido y el regusto amargo de saber que todo se ha acabado. Un manto de silencio arropa la calle, otrora bulliciosa. Hay que abrigarse, el sudor se pega al cuerpo y la noche viene fría. De camino a casa, los pensamientos son la única escolta que te acompaña. Duele el varal, pero sabes que más duele la espera que comienza en este punto. A dormir, que sólo queda un año.

viernes 28 de agosto de 2009

60 - Subvención

Febrero de 2009:

 "Una no-votada clase política cebollera, que lo mismo un año reniega de la Semana Santa que al siguiente está en la comisión para tramitar el Interés Turístico Internacional. Figúrese usted, y no va con segundas lo de figurar, lo que aportarán en esa comisión los mismos nombres y apellidos que “por principios” se niegan a presidir un desfile en calidad de alcaldía. Por principios. Tenga esto bien presente, amigo visitante, cuando de boca de esos mismos escuche por ahí los cacareos de la capitalidad cultural y del interés turístico."


Agosto de 2009:

CofradesDigitales: Reducción de la subvención municipal a las cofradías de Cáceres.
"En un comunicado del Presidente de la Unión de Cofradías de Cáceres, que se ha publicado en el mismo medio que se hizo eco de la noticia del día de ayer, explica los pormenores de la motivación de la reducción de la ayuda, que parece ser que fue una decisión de Santiago Pavón, que recordemos hizo coalición con Carmen Heras en el Gobierno de la Ciudad, y a parte de eso, indica que tiene el compromiso de la Alcaldesa que el dinero que no se ha financiado con la subvención de Cultura, saldrá de otros presupuestos".

lunes 3 de agosto de 2009

59

La cruz del Nazareno provoca fobia, provoca fobia
y últimamente reniegan de ella los mismos cristianos.
La cruz del Nazareno que fue la gloria, que fue la gloria,
se ha convertido en símbolo prohibido del estado laico.
Fuera la cruz del colegio, porque puede atentar la libertad de religiones,
que incluso falta al respeto, a todos los ateos que están ya hasta los cojones.
Aunque existen más cruces, a las que no se oponen…

Tenemos la cruz del paro, desde hace ya tiempo
llevamos cargando todo el desempleo
que nos imponen desde el gobierno.
Llevamos la cruz de ETA, que sigue en su empeño
de que en esta tierra sigamos sufriendo la cruz maldita de los violentos.
Y hasta la cruz de Franco muchos la siguen teniendo
y en forma de venganza van saliendo al descubierto.
Para que nadie se ofenda, quitan cruces del colegio,
pero nadie se da cuenta de otras que nos van poniendo.

Y aunque muchos les molesta
todo lo que estoy diciendo,
por más que sigan prohibiendo
de entre las cruces que quedan
prefiero la cruz que lleva
el Nazareno, el Nazareno, el Nazareno…
(L.Rivero, 2009)

jueves 14 de mayo de 2009

58

Con la corona en la mano,
muy despacito y de puntillas,
remangándose la ropa
sin decir nada quiso escapar.
Dejando a su iglesia sola,
tirando la cruz al suelo,
se vino a nuestro corrillo
y allí de pronto se puso a hablar:

“Me he bajado hoy de mi paso
para escuchar alguna saeta,
para gozar de tus sabores
y oler el polvo de entre las grietas.
Allí no hablaba con nadie,
nada más que con el aire,
hace tiempo que lo quería
y ya más no he podido aguantarme.
Cuando piso por esta acera
hasta me creo que puedo ver,
aunque sé que soy de madera
y es imposible, no puede ser.
Qué alegría si fuera niño,
y tuviera sangre en las venas,
y ensuciarme aquí las rodillas
y despeinarme en ti mi melena.
Qué alegría si fuera niño…”
El muchacho nos repetía,
“Pa poder jugar en la plaza,
y en sus portales me perdería”.

Ya vale por Dios, chiquillo,
qué estás diciendo… cállate ya
¡Si eres tan cacereño
y tan humano como el que más!
Y cuando sale tu paso,
y te meces con la brisa,
al niño pintas sonrisas
y a los mayores haces llorar.
Que aunque estés cansao de luchas
cada vez eres más importante
y tú, paisano, tienes el arte
de encoger a la gente los corazones a tu manera,
aunque tu cuerpo y tus entrañas,
amigo mío, sean de madera.

miércoles 29 de abril de 2009

57

Semana Santa, evolución e innovaciones. ¿Todo vale?

Nuevo paso del Nazareno de CarmonaNuevo paso del Nazareno de CarmonaEl antes y el después del Nazareno de Carmona
Fotos: losnazarenos.org, J. Arjona y J.García.

sábado 25 de abril de 2009

56

Dicen que no son tristes las despedidas.
Dile a quien te lo dijo que se despida.

Procesión del encuentro en Cáceres
Foto: A. Mateos

lunes 20 de abril de 2009

55

- La historia, Gaspar, de siempre la escriben los locos y la disfrutan los cuerdos.
- ¿Y los que la critican, señor? ¿Esos son locos o son cuerdos?
- Los que la critican, mi querido rapaz, suelen ser los inútiles sin remedio.
- Largo camino nos queda pues, mi señor.
- Y venturoso, vive Dios.

viernes 10 de abril de 2009

54

Muerte que pasas callada, por la siesta de cristal...

miércoles 1 de abril de 2009

53 - Caceres 2016

18 de junio de 2008:
"El interés turístico local es el más lejano de todos los que nos quedan por conquistar"
Cáceres y el interés turístico.


1 de abril de 2009:
Foto-denuncia. Semana Santa de Cáceres, ¿de Interés Turístico Internacional?
Fotodenuncia de cofradesdigitales.com.

Baches y desperfectos en la Ciudad Monumental de Cáceres

Sonrojante.

domingo 22 de marzo de 2009

52

Hace no muchos años, en una tertulia cualquiera, hablando sobre la presencia de la mujer bajo los pasos y todavía en ocasiones aceptada solución de los turnos separados (es decir, las niñas pa un lao y los niños pa otro; una forma de discriminación como otra cualquiera), escuché a algunos veteranos cofrades argumentar que es “antiestético” que una mujer cargue delante o detrás de un hombre. Porque si van muy pegados, porque si la diferencia de edad, porque si resultaría poco decoroso… Y yo, con todo el respeto que me merecen, algunos de ellos maestros míos, la verdad es que no estoy muy de acuerdo con el comentario de aquellos venerables.

De inmediato me asaltan a la memoria multitud de elementos que influyen de alguna manera en ese concepto tan subjetivo que es la estética en la Semana Santa. Si queremos estética por ejemplo podemos empezar por implantar el verduguillo como prenda obligatoria. Si queremos estética ya va siendo hora de prohibir sin medias tintas a los cofrades salir en procesión mascando chicle o con gafas de sol. Si queremos estética tendríamos que dedicar por ejemplo unos pocos minutos a revisar bien el calzado antes de salir, y unos muchos minutos a hacer ensayos. Si queremos estética, preocupémonos primero de que las túnicas no enseñen el bajo de los pantalones, o que sean todas del mismo color y no un muestrario de tonalidades. No podemos proclamar la estética si luego le plantamos un foco en toda la cara a la imagen, como sometida a un interrogatorio. ¡No podemos proclamar la estética si estamos permitiendo que los cofrades salgan a mear por la calle Pizarro y vuelvan por Santa Clara como si nada! Si queremos estética, pongamos más esmero en mimar los enseres y las andas, que también son patrimonio de la cofradía y algunos tienen más rayones que un R5. Si queremos estética en el desfile deberíamos vigilar muy seriamente el comportamiento de algunos miembros de bandas de música, y plantear por qué no se les exige el mismo orden que a los cofrades si están participando en la misma estación de penitencia. Si queremos estética ya estamos tardando en hablar con el ayuntamiento para que adecente las calles por las que transitan los desfiles. No sigo.

Resumiendo, si lo que nos preocupa en la Semana Santa es la estética, creo que muchas cosas habría que solucionar antes de señalar con el dedo al capital humano. Y llegados a este punto, cuando nos pongamos a alterar el orden de las cosas en aras de la estética, antes que a una mujer quítenme por favor al que viene a la carga con los aires subidos, al que racanea el esfuerzo y no mete el hombro cuando hay que levantar, al sabelotodo que se pasa el desfile corrigiendo, al hablador que me cuenta su vida, al quejica, o al enterao de todos los años. A esos sí que deberían mandarlos todos juntos al segundo turno, por no decir otro sitio con rima asonante.

Y doy por ahora dos argumentos. Primero, tenemos desde hace tiempo muchos pasos en Cáceres donde afortunadamente cargan hombres y mujeres juntos pero no revueltos y, oh sorpresa, el mundo ha seguido girando. No pasa nada. Y segundo, si Jesús bajara del paso y se metiera bajo el varal, aparte de ejemplarizar nuestro oficio (ser hermano de carga es mucho más que el título que dan al dolor de una llaga o a los sudores de una cuesta), pienso yo que lo último que haría sería mirar el sexo o de la condición del que trabaja junto a él. Eso solo se nos ocurre hacerlo a los cristianos, demostrando nuevamente lo bien que se nos da ser más papistas que el papa.

viernes 13 de marzo de 2009

51

Dijo un sabio:

"Para ser universal nunca hay que perder la referencia en la aldea".

miércoles 4 de marzo de 2009

50 - Bienvenidos a abril

Todo vino de repente. La noche nos arrinconaba amenazante, robándole una hora al espacio que la tradición le tiene asignado, y ciñéndose sobre nosotros como cruel espada de Damocles. Nadie lo expresaba de viva voz, pero quien más o quien menos andaba con la mosca detrás de la oreja. Aquél no era su lugar. Fueron la Soledad con su serena presencia y la Zapatona con su solemne sandalia las únicas que pudieron vencer en este duelo contra la sombra. La Esperanza hizo amago de intentarlo, pero muy pronto se arrepintió, media vuelta a trompicones. Ellas deben pisar la calle con la claridad del día, así lo narran los libros. El Señor de las Batallas, que de siempre ha tenido un corazón más rebelde que el de los demás, no cedió al capricho de los científicos que le echaron la noche encima. El Perdón quiso imitar su ejemplo al siguiente día, y también le dijo tururú al mes de marzo. Definitivamente, aquél no era su lugar.
Han pasado ya doce meses desde aquella semana tan extraña. ¡Niña ponte guapa, que llega de nuevo tu cumpleaños! Vete secando los sinsabores, despídete del martirio y olvida ya el secuestro infame del año pasado. ¡Corre y dale un abrazo a tu abril!
En este abrazo se resumen la espera y la frustración contenidas durante tanto tiempo. Regresa la Semana Santa para fundirse en las manos de su legítimo dueño, tras un fugaz paréntesis en el que marzo se hiciera el encontradizo y nos la tomara prestada sin permiso, remojándola con ensañamiento, vistiéndola con otras ropas y tiñéndola con otros colores. Esta sí vuelve a ser la rutina de cada cuatro estaciones, la nuestra, la verdadera, no el tocomocho, no la caricatura, no el sucedáneo burdo de la última vez.
No sabemos cómo la recordarán las crónicas, ni qué huella dejará en la historia, pero sí tenemos la certeza de que, para lo bueno y para lo malo, saldrá de adentro de los hombres. Y de adentro nacen también los remedios para los males que ellos mismos sembraron, abonaron y recogieron. Por fin, tras largos años de deambular apuñalando nuestra condición de hermanos, la Semana Santa parece que retorna, o mejor dicho, la reconducen, a ese remanso de cordialidad del que nunca debió salir. O por lo menos a las lindes del remanso, que ya es bastante si echamos la vista atrás y recordamos todo el barro que tuvimos que tragar últimamente -unos más que otros, bien es cierto. Quiera Dios que no se rompa el equilibrio y que este cuadro tan dulce no lo pintaran con el pincel de la farsa ni con la brocha gorda del espejismo. Que las malas lenguas se las contemos a nuestros nietos tan solo como noticia histórica. Ése debiera ser el acontecimiento más recordado de este ejercicio, con una consideración muy por encima del resto. Cualquier otra cosa, aun sin sorprendernos lo más mínimo, no significaría más que una nueva muestra de ombliguismo atiborrado por parte de quien o de quienes correspondan. Y es que estas pamplinas, vamos a decirlo claramente, nada más que le interesan a los veinte locos que estamos ahí pringando meses y meses. Al cofrade común todo esto le suena a chino. Pasa. No quiere polémicas ni historias raras, que además de no interesarle ni siquiera las entiende. Él lo único que quiere es coger su túnica, hacer su procesión, pum pum pum y pa casa. Ahí está el tío. Y luego vamos llorando de que si falta participación en los cultos, más presencia en las asambleas, más colaboración en el día a día de la hermandad… pero es que, viendo lo que se cuece internamente, yo a veces ya me cuestiono si no deberíamos tomar ejemplo de ese cofrade de a pie, y dejar definitivamente de aburrirnos a nosotros mismos.
El caso es que nuestra fiesta, enemiga de la sátira y tradicionalmente muy sensible a lo mordaz, tendrá que lidiar en 2009 con una densa sucesión de estrenos y efemérides. Estas novedades, además de disparar desde muy temprano el mercurio del termómetro capillita, van a permitir a las autoridades renovar un poquito su repertorio de saludas, prólogos y discursos varios, que ya estaban empezando a coger moho.
Alcaldes y alcaldesas, concejales y personalidades diversas, afortunados gobernantes de una población afónica y apocada en la mansedumbre, nos llena de orgullo y satisfacción poder contar con su apoyo, aunque sea cada doce meses y gracias. Los cofrades, de manera entrañable, solemos acordamos de ustedes por estas fechas, cuando el pico, la pala y la hormigonera acuden puntuales a su cita con la Ciudad Antigua. Seguimos rezándole a nuestros santos para que alguna vez pongan ustedes los medios, y no las zancadillas, para alcanzar todos los logros que pregonan. Seguimos rezándole a nuestros santos para que alguna vez traduzcan en hechos todas esas palabras que repiten con tanto entusiasmo (bla bla bla turístico… bla bla bla cultural… bla bla bla 2016…) porque, de lo contrario, lo que nos vamos a comer será un gran mojón de interés internacional, para admiración de todo el continente y también por supuesto del vecindario. Preste atención, mi querido visitante, si tiene usted idea de venir a Cáceres en Semana Santa, pues a continuación le vamos a explicar las maravillas y el interés turístico que podrá disfrutar en nuestra ciudad:
El tercer conjunto monumental de Europa, no pierda detalle, inmaculadamente levantado en obras con la llegada de cada primavera. Una hostelería bandolera, para degustar los productos de nuestra tierra a precios patrimonio de la humanidad. Balcones, plazas y callejas engalanadas con óxido dieciochesco, tres manos de pintura vieja y un sutil alfombrado de cáscaras y frutos secos. Las novedades de la moda en la pasarela cofrade para esta temporada: minitúnicas de antiquísima generación con caída hacia el suelo, vaquero asomadizo y bajomanga de Ralph Lauren; chicle de menta contra la sed y gafas de sol a juego completan el conjunto. Admire la rectilínea majestad de esta concurrida legión de capirotes, clónicos, erguidos, dejando patente ese gusto por los detalles que siempre nos ha caracterizado. Centuriones romanos con reloj de pulsera acorazado, o Casio digital sumergible. Silencio sepulcral en las procesiones (y en la ventanilla de las subvenciones). Hermanos de carga que hacen valer su jerarquía frente al jefe de paso, confundiendo mando y obediencia. Allí, soterrados bajo los varales, rechinan las blasfemias y los tacos procaces, tantos que si algunos párrocos los oyeran, encontrarían al fin motivos de sobra para seguir puteándonos como nos putean. Hombres hechos y derechos de trece años paseando con alegría a nuestros ídolos sobre sus vértebras de cristal. Espectacular iluminación artística con 125V de corriente alterna. El respetuosísimo público que manda callar con discreción a las bandas de música. Una no-votada clase política cebollera, que lo mismo un año reniega de la Semana Santa que al siguiente está en la comisión para tramitar el Interés Turístico Internacional. Figúrese usted, y no va con segundas lo de figurar, lo que aportarán en esa comisión los mismos nombres y apellidos que “por principios” se niegan a presidir un desfile en calidad de alcaldía. Por principios. Tenga esto bien presente, amigo visitante, cuando de boca de esos mismos escuche por ahí los cacareos de la capitalidad cultural y del interés turístico. Ni con zancos les llega para estar a la altura del evento. ¿Qué más tenemos? Una Semana Santa impermeable (nunca se moja), guerrillas subterráneas entre clanes y hermandades, celos y rencores por los siglos de los siglos, cofradías que por encima de la palabra de Dios proclaman la palabra de los juzgados... amigo turista, acérquese a nuestro templo sin vendas ni pudor, no se olvide ni un momento de prestar gran atención, y dígame cuando se marche, con la mano en el corazón, si no ha visto usted aquí lo mismo que he visto yo. Todo esto y mucho más lo vivirá en primera persona, distinguido huésped, si acude usted en vacaciones a esta noble tierra de los llanos. Bueno, o a lo mejor son cosas mías… que soy muy malpensado.
Con todo, la ocasión igualmente lo merece, así que no se quede en casa, no permita que se lo cuenten porque jamás sentirá el latido del bombo, no lo vea por la tele que es mentirosa y esconde lo que no le conviene, olvídese de Internet que los perfumes no caben por el cable, no lo lea en los periódicos porque… buf, los periódicos, mejor me callo. No busque intermediarios, abandone los tapujos y visite el museo donde la muerte es una obra de arte. Bienvenidos sean todos a Cáceres, herencia de los hombres. ¡Bienvenidos al templo de abril!
Bienvenidos a un imperio más allá de la Tierra, un imperio tejido con hilo pobre pero digno, que rebosa de solera, de cultura y de identidad propias. Bienvenida la calidez de sus gentes, orgullosa de ser de donde es, y bienvenida la gloria de haber crecido sin más ayuda que su fe y sus sudores. Un gran imperio con su túnica por bandera, con su himno de saeta, su laurel de madreselva, un escudo en cada torre, una historia incompleta, con sus guerras entre hermanos, las horquillas por espadas, sin más regente que su pueblo, parlamento de cofrades y de leyes heredadas.
Bienvenida sea la caída de la tarde, y adiós a la tarde caída, a la noche pronta, al amanecer antes de hora. Cada una en el lugar que le corresponde, justo, preciso, ni antes ni después. Así lo dicta abril. Bienvenidas las salidas con el cielo pálido, los tintes y colores como mandan los cánones. Bienvenidos muros modestos, anchos redobles, vastos silencios, quejumbres siniestras y estandartes en su majestuosa guardia. Bienvenida cigüeña temprana en tu nido de alta rama, pertinaz centinela estatuario, corona sigilosa para esta maraña de aljibes, callejuelas y campanarios.
Bienvenido tú, que para ser cofrade te sobran el traje, el orgullo y los delirios de grandeza. Bienvenido tú, espectador inadvertido, forastero que palideces ante la verticalidad colosal de las torres moras. Tus diez mil ojos acarician mi piel. Bienvenido tú, abuelo que te desangras con cada recuerdo que recompones. Bienvenido cargador, sólo tú sientes el vértigo de encarar esa cuesta cuando pasas junto al postigo de Santa Ana. Sólo tú sufres la penumbra de ahí debajo, donde el aire se vuelve irrespirable. Sólo tú conoces lo que duele esa Plazuela del Socorro. Sólo tú sabes lo que es dejarse la salud en cada bache, en cada alcantarilla, en cada calle desnivelada. Bienvenido amigo, amiga, internetero fanático, compañero ocasional, colega de fatigas, noctívago, mentor o ayudante fiel. Sin vosotros nada de esto tendría sentido.
Bienvenidos hermanos de la Sentencia y del Dulce Nombre, aquí culmina vuestro sueño. Este cofrade os envidia. Probablemente algún retorcido se atreverá a contemplaros de brazos cruzados y mirando al suelo. Sentid lástima por él y confiad en que, por turbias que bajen las aguas, jamás se pierda el respeto. Arrimad el hombro para que Cáceres no cambie de nuevo la miel por el veneno. Y procurad que las portadas y las noticias sean para el que va arriba, y no para el que va debajo, que de sinsentidos en esta selva ya estamos curados de espanto.
Bienvenido el clavel, la espina, el cardo y el abrojo, hiedras y tríbulos por igual. Bienvenidas las púas, trancos y astillas, los sonidos y aromas que solo nosotros sabemos apreciar. Bienvenido el Cáceres del viejo tiempo, Cáceres de los fueros, de los Ulloa y de Espaderos, de Becerra y Casa Quemada, de Moctezuma y Carvajal. Cáceres de Ovando y de Pereros, Cáceres de Rivera, de Godoy y de los Condes de Adaneros. Cáceres que enciende un relumbro como salutación de sus muertos. Cáceres de los linajes que viven en las paredes. Cáceres de los púlpitos, de las troneras, los matacanes y las almenas. Del pretil de las murallas. De la crestería de los Golfines. De las gárgolas en las Veletas. Bienvenidos patios y palacios, antorchas, lunas y escalones, palmeras, pedruscos y torreones. Un cristo que se desliza entre las casas de los comendadores. El incienso en ese lujo que se llama Plaza de San Jorge. Tracatrán, clán, vaivén de lao a lao, no subirse al bordillo, ¡yo aquí voy colgao! Bienvenidos la horquilla y el varal, ya sabéis que en esta casa podéis entrar sin llamar. Seguiréis siendo por siempre los brazos de nuestra cruz de guía. Bienvenida la ilusión que me traes, el quebranto y la tensión de incertidumbre. ¿Bienvenidos los palios? Me basta con el azul de tus días.
Bienvenida feroz máquina del tiempo, bienvenido rocoso túnel que nos conduce del árabe al romano, del almohade al visigótico, de la judería al plateresco, del veintiuno a cualquier otro siglo de nuestra era. Bienvenido escenario milenario que muchos ya para sí quisieran, pocos como tú presumen de haber visto más navidades que cualquier imagen que los recorriera. Bienvenidos Pintores, Hornos, Santo Domingo, Corredera de San Juan, Arco de la Estrella, Cuesta del Marqués, Plaza de la Soledad, Caleros, Adarves, Puerta de Mérida... ni carrera oficial ni ná.
Bienvenida Afrodita de occidente, jardín del arte, altar único de los que aman sus raíces. Bienvenida feria de los sentidos, carnavales de la fe, esencia del medievo, música de todo el mundo, capital de la Pasión, del vino y de las rosas. La que no distingue edades, géneros ni condición. A ver quién te discute aquí tu trono. Agradezco en el alma, te lo juro, el dolor de quien te pariera, si acaso fuera de este mundo. Te doy las gracias por este profundo enjambre de sensaciones que lo mismo me elevan que me hastían, desde aquel lejano día en que me cogiste de la mano y yo te dije que sí. Gracias por dibujarme tus memorias en esta cinta de Moebius de doce meses de diámetro; hay que joderse, lo bonito que lo pintas… ¡nunca he sabido si nos haces o te hacemos! Gracias por permitirme dar un sentido honesto a un concepto tan traicionero y manipulado como el de religión. Gracias un año más por haber venido a visitarme antes que San Pedro. Y gracias en nombre de todos los que reducen su universo a un palo, una vela y cuatro maderos.
Aquí estás otra vez, eterna, exacta, infinita. Y sigues viva; la prueba está en tu gente, que no se arruga, que sigue viendo, callando y trabajando. Todos ellos se merecen con justicia la más cordial de las bienvenidas, pues están a punto de concluir un viaje que siempre, siempre, se hace largo, y cuya distancia no la miden las hojas del almanaque sino la hondura de los recuerdos. Bienvenidos compañeros a la primavera, bienvenidos a abril, bienvenidos a la Semana Santa de Cáceres. Palabras Mayores.

Texto publicado el 25 de febrero de 2009 

miércoles 25 de febrero de 2009

49

Horquilla

lunes 16 de febrero de 2009

48

Van a ponerte, mi cristo,
un gran pesebre de oro.
Y entonces yo me pregunto
¿Para qué tanto lujo junto,
si el dorado de estas piedras
ya es tu mayor tesoro?

¿Quién se atreve a disfrazarte
con atuendos de terciopelo?
¿No recuerdan que en tu tiempo
sin ropa pisabas el suelo?
¿Quién te va a poner
alfombras de frío asfalto,
si prefiere tu pie desnudo
pisar los rollos y los cantos?
¿Quién se atreve a hacer un show
de tu dolor y de tu espanto?

¿Para qué tanto bailar
si no hay mecía más garbosa,
ni danza más señera,
que nuestros hombros a compás?
¿Para qué tanta propaganda
si mejor te llevan en volandas
nuestras señas de identidad?
El respeto al compañero,
la pobreza de unas andas
y el fervor de un pueblo entero.

¿Acaso necesitas pagarle
a una orquesta de campanillas,
si no hay música más sublime
que el redoble de las horquillas?
¿Pa qué quieres capataces
de traje y porte torero,
si un jefe bien plantao
se come cualquier albero?

Ni le quiten ni le cambien
el idioma a mi primavera,
que yo quiero que me mande
uno que hable a mi manera.
Que no te levanten el paso
al sonaire del flamenco,
que aquí te llevamos al cielo
con nuestra propia voz de atentos.

Que me olvido de la Giralda
si veo a la torre Bujaco
erguida sobre tu espalda.
Que me río yo de la Campana
si veo que te abres paso
por el adarve en la mañana.

¿Por qué te pasean tres horas,
y encima metiendo prisa,
que por lo visto más tiempo les cansa?
Si luego van dando la brasa
todo el año descontando los días
que faltan pa Semana Santa.

¿Para qué todas esas luces
y marañas de baterías y cables?
¡Que sea tu rostro quien hable,
si solo con lágrimas ya reluce!
Presumes de interés internacional
¿Pero quién va a venir a verte,
si este mismo cuadro imponente
lo cuelgan en otra ciudad?

Proclamo esto a mi albedrío:
Respeto y admiro a tus cofrades,
y todavía más al costalero.
Que no pierdan nunca brío,
consérvales el esmero,
y también sus ganas de trabajo.
Mas recuérdales, cristo mío,
que la identidad se lleva dentro,
que no hay palacio sin cimiento,
y que hasta el más alto monumento
se empezó a levantar desde abajo.

martes 3 de febrero de 2009

47 - Muerte

No puede ser que me vaya del todo cuando me muera,
que no quede ni la espera detrás de la voz que calla,
no puede ser que solo haya ciclos de sombra y olvido
en este amor desmedido que me yergue desde el pecho
si hasta en el trino deshecho se salva el duelo del nido.
G.Etchebehere